"La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino más bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones".
Alejandro Rocamora Bonilla
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jueves, 22 de mayo de 2014

El gato

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El rincón del optimista

Juan
Considero de vital importancia que pueda controlar mi ira, mis enfados (justificados o injustificados) en favor de mi salud mental y, sobre todo, de la convivencia con los que me rodean. Estimo crucial poder darme cuenta de que estoy enojado, de intentar dominar ese sentimiento, de darme tiempo (contar hasta 10 antes de actuar, de decidir, suele funcionar), decirme que no tiene importancia el origen y de paso evitar una consecuencia clara que tiene la ira que es su contagio, su propagación casi automática. Lo intentaré explicar con el cuento del GATO que me relataron hace ya unos cuantos años en un curso muy interesante.
miércoles, 14 de mayo de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Pensar en un bello paisaje suele transformar la ira en sosiego


El gato

Considero de vital importancia que pueda controlar mi ira, mis enfados (justificados o injustificados) en favor de mi salud mental y, sobre todo, de la convivencia con los que me rodean. Estimo crucial poder darme cuenta de que estoy enojado, de intentar dominar ese sentimiento, de darme tiempo (contar hasta 10 antes de actuar, de decidir, suele funcionar), decirme que no tiene importancia el origen y de paso evitar una consecuencia clara que tiene la ira que es su contagio, su propagación casi automática. Lo intentaré explicar con el cuento del GATO que me relataron hace ya unos cuantos años en un curso muy interesante.
“El dueño de una empresa decidió que para aumentar la producción de su factoría iba a acortar de dos a una hora el tiempo para almorzar de sus empleados. Para dar ejemplo, él iba a ser el primero en cumplir. Salió a almorzar y en el restaurante se demoraron con el servicio con lo que cuando cogió el coche para regresar a la fábrica iba ya algo tarde. Con las prisas se saltó un semáforo en rojo y la Policía le puso una multa. Llegó al trabajo lleno de ira y de rabia. Llamó al subdirector y le pidió los informes de las ventas de la semana. El subdirector le dio algunas disculpas porque no los tenía listos, por eso, de muy mal humor, llamó a su secretaria para que le pasara de inmediato esos informes entre graves recriminaciones por no estar preparados aún. La secretaria se quejó de que le trataran así después de los años de servicio diligente en la empresa, pero, tremendamente enfadada también, le exigió a la becaria que le elaborase los citados informes inmediatamente. Al acabar la jornada, la becaria, se fue a su casa muy enojada y disgustada por lo sucedido, lo vejatorio del trato, y al entrar en el hogar se encontró a su hijo que no había ordenado la habitación ni se había puesto con las tareas del colegio, con lo que sin más explicaciones le castigó sin salir a jugar a la calle durante una semana. El chaval, tan enfadado con este castigo injusto, se marchó ‘echando humo’ a su habitación pero por el camino se cruzó con el gato de la casa, al que propinó una patada llena de mucha, mucha rabia e indignación”.
Moraleja: si el jefe hubiera dominado su ira a tiempo, ésta no se habría propagado como el cólera y el gato no hubiera recibido la patada. Esta historieta me sirvió en su día para meditar sobre los ‘peligros’ que conlleva la ira, que sólo pueden provocar más rabia, violencia y desembocar hasta en guerras y muertes. Por eso cada vez que me enfado por uno u otro motivo intento acordarme de la patada del gato, imagino que me miro desde la distancia, me aparto del origen del enfado y me doy tiempo para que se me vaya pasando.
Por eso, recomiendo, que cuando te llegue la rabia te des cuenta de que no es algo que te vaya a matar, que ha estado contigo muchas veces antes y has sobrevivido perfectamente. Es la misma rabia de otras veces. Cuando te veas envuelto en ella, peleando, acuérdate de la historia del gato, obsérvala como si no te perteneciera, como si fuera la rabia de alguien ajeno a ti, y te encontrarás con una gran sorpresa: la rabia desaparecerá en cuestión de segundos, se diluirá como el azúcar en la leche caliente. Y cuando haya desparecido la ira sin lucha alguna, dejará tras de sí un estado tremendamente hermoso, silencioso y pleno de amor.
Asín sea.

Juan
miércoles, 30 de abril de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Podía gustarme otro color, pero me gusta el rojo amapola, el encarnao

Rojo

Cada color tiene su significado, su encanto y sus seguidores y detractores. Me podía gustar otro color, y de hecho me gustan, pero no tanto como el rojo que es el que más. No me cansa este color. Es mi cromatismo preferido.
 -El color rojo simboliza el fuego y la sangre.
-El rojo simboliza el peligro, la masculinidad, la ira, lo bélico.
-El rojo simboliza la belleza, el amor y la felicidad.
-Es el rojo un color excitante y estimulante, el color de las pasiones.
-El rostro se ruboriza. Te pones colorado por timidez,  enamoramiento o vergüenza.
-Me gusta el rojo, el encarnao, por aquello que viene de carne.
-Los corazones se pintan rojo porque la sangre de los enamorados fluye hasta su corazón.
-El rojo es el color de la fuerza, el vigor, el valor y lo atractivo.
-Es el color de la vida y la alegría. Eligen este color las amapolas adultas, las rosas… además de guindillas y pimientos picantes.
-El rojo es también el color del peligro y uno de los colores de lo prohibido:
Quien se salta un semáforo en rojo, multa al canto; cuando un instrumento de medida señala algo en rojo, algo no marcha bien; cuando el árbitro le enseña a un jugador una tarjeta roja le prohíbe seguir jugando.
-El rojo es el color de las correcciones, el de los precios rebajados, el del salgo negativo de las cuentas bancarias (‘números rojos’).
-El rojo en general es el color de los extrovertidos, no puede quedar en un segundo plano. (El polo opuesto es el azul, al ser inmaterial, lejano, frío…).
-El rojo significa deseo en toda su gama del anhelo: la fuerza de voluntad, la sangre de la conquista, el temperamento sanguíneo y la sexualidad.
-El rojo representa lo excéntrico, lo ofensivo, lo autónomo, lo competitivo.
-Es el color más fuerte y posee gran poder de atracción, es positivo y aporta confianza en uno mismo, una actitud que apunta al optimismo.
-Simboliza una pasión primitiva y fuertes emociones; está asociado con el coraje, la rabia, la rivalidad, la lucha…
-El rojo es el color del fuego, y el fuego es imagen de lo divino, de Dios mismo (aunque alguien asegure que es azul). El Espíritu Santo se aparece como una llama.
-El rojo posee una dimensión política. Es el color más frecuente de las banderas. La bandera roja es la del movimiento obrero, como hoy 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo y de la lucha obrera. El rojo es el color político del marxismo-leninismo.
-El rojo es el color del dinamismo y de los anuncios publicitarios. Todos los Ferrari son rojos. La Coca-Cola, de efecto estimulante, emplea el rojo. El rojo se ve en todas partes.
-El toro entra al trapo rojo, muleta o capote.
-El rojo agrada a hombres y mujeres en la misma proporción. El rojo gusta más a los mayores que a los jóvenes, sin embargo es el primer color que aprenden los niños.
-Cuando todo se vuelve demasiado cromático, el primer color que molesta es el rojo, pues el rojo es el color de los colores.
Definitivamente, me gusta el rojo amapola. ¿Y a ti?
Asín sea.

Juan
lunes, 14 de abril de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Mi madre se llama Felisa

En presente

Pocas personas ponen en duda las enseñanzas de los talleres del Teléfono de la Esperanza. El último que hice fue ‘la superación del duelo’. Aquí me enseñaron la importancia de hablar en presente (cuantas veces se nos repite la importancia que tiene el darnos cuenta del presente y dejar un poco de lado el pasado y las proyecciones de futuro). Al principio del taller me preguntó su coordinadora, Julia, por el nombre de mi madre que falleció en 2007. Le contesté: “Mi madre se llamaba Felisa”. Rápidamente Julia me corrigió: “Ah, dices que se llamaba porque ya no se llama Felisa”. Tres segundos para pensar y rectifiqué: “Mi madre se llama Felisa”. Efectivamente, nos empeñamos en poner en pasado algo que es presente y no creo necesario explicar lo PRESENTE que tengo a mi madre a diario, lo que me acompaña, lo que conversamos (a veces verbalizando por mi parte), lo que me protege, lo que me aconseja, lo que me ayuda…
Desde que murió mi madre cada 18 de marzo la tengo muy presente porque ese día cumplía años, perdón rectifico, CUMPLE años, aunque su cuerpo no esté entre nosotros, aunque esté muerta, pero sigue cumpliendo años. Todos nuestros muertos siguen cumpliendo años, siguen con nosotros, a nuestro lado, tutelándonos. Sin su ayuda, qué sería de nosotros.
En los últimos cuatro meses he perdido dos amigos, uno de 37 años, Diego, y otro, Nacho, con 69 años. Ambos fallecieron inesperadamente, si bien el primero, quizá por su edad, su ausencia nos ha dejado un hondo pesar a todos los que le queríamos. A los allegados de ambos les digo lo mismo por si sirve de consuelo: Si nosotros no vamos a dejar de amarles aunque no estén, ellos tampoco dejarán de hacerlo. Por eso no debemos utilizar el pasado y si el PRESENTE. Cuando nos entren ganas de alabar las virtudes del fallecido, en vez de decir que era feliz, alegre, comprometido, generoso, atento… deberíamos decir que ES, sigue siendo, no hay duda. De este modo no estamos contraviniendo ninguna ley natural haciendo como que nuestros muertos sigan vivos, sino que logramos creernos que de verdad VIVEN en nosotros mismos… profunda y eternamente.
Asín sea.

Juan
lunes, 31 de marzo de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Asomar a la ventana y encontrarte la luna, otro regalo

Lo primero, un regalo

Hoy, 1 de abril de 2014, se cumple un año de la publicación de mi primer apunte en este sagrado blog que forma parte de mi medicina diaria, de mi esperanza y de otras muchas personas. En ese apunte titulado ‘El vaso medio lleno’ pedía sugerencias/temas para escribir y en un comentario ‘Catalina’ me proponía que escribiese “todo lo positivo que nos ocurre desde que nos levantamos de la cama hasta que salimos de casa”. Me ha costado ponerme al tajo para repasar esos ‘sucedidos’ y hoy, por fin, en mi primer aniversario, voy a intentar dar cumplimiento a esa petición.
Lo primero que tengo que decir es que lo más positivo que me ocurre por la mañana es nada más que suena el despertador o simplemente cuando despierto y compruebo que estoy vivo. Lo primero que hago es dar gracias, podría ser a Dios si fuese creyente, pero vale dar las gracias así en general, en abstracto a la vida, porque no te abandonó mientras dormías y te ha dado la oportunidad de emprender un nuevo día, 24 horas, 1440 minutos, 86.400 segundos… todo un REGALO. Y durante todo ese tiempo mi/nuestro corazón va a estar funcionando, bombeando sangre, llevando oxígeno y nutrientes a las células de nuestro organismo y eliminando dióxido de carbono y otros desechos, por eso toca dar gracias a nuestro corazón y a nuestro cerebro que da las órdenes para que funcionen el resto de órganos y sigamos respirando… de momento, de milagro.
Si tengo la suerte de vivir en compañía, como es el caso, llega el momento de comprobar que los ‘nuestros’ siguen vivos. Me encanta cuando me levanto el primero de la cama para poder espiar la respiración de los de la familia. Ver a un niño dormir causa tanta paz y sosiego… al menos a mí. Hay quien tiene mascotas (perro, gato, canario, peces…) y darles los buenos días es todo un lujazo mañanero. A quien madruga, Dios le ayuda, o como dice un buen amigo, ‘Quien madruga, pasa sueño todo el día’… si es que no duerme un ratín la siesta. Mientras procedemos al aseo y a desayunar para estimular el cuerpo hay quienes necesitamos de la compañía de la radio, con el riesgo que  conlleva escuchar malas noticias (casi todas, sobre las políticas que aburren, revuelven, asquean) y soportar la publicidad agresiva que empieza bien entrada la mañana. Pero si tienes la antena bien sintonizada seguro que de todo lo que escuchas te quedas con un detalle, con un retazo positivo, con un aliento de esperanza para digerir durante el resto del día. También te puedes lanzar de lleno a la música, recomendada ya en esta misma sección, tan necesaria para alimentar ese espíritu que anda algo dormido. En este momento es muy conveniente asomarse a la ventana para comprobar dos cosas: que durante la fase del sueño tu casa no se ha movido de su sitio y saber cómo se presenta la jornada climatológicamente hablando. Si ya está el sol y aún no se acostó la luna. No tanto para saber si sacar la cara de la sonrisa del día bueno o si el rostro serio y duro de los días grises. No. Es por algo práctico, para elegir la prenda de abrigo más acorde o el chubasquero por si llueve. Y, de paso, dar de nuevo las gracias por tener una casa donde resguardarte. Mientras te vistes para salir de casa no deberías olvidarte de dar gracias por tener ropa para abrigarte. Ah, se me olvidaba,  GRACIAS por leer esto.
Asín sea.

Juan.
viernes, 14 de marzo de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Pensamos en nosotros como si estuviéramos solos en este mundo


Yo, mi, me, conmigo

Egoísmo, egocentrismo, individualismo: yo, conmigo mismo. Puede ser más o menos normal que nos preocupemos de nosotros, de nuestro bienestar, de nuestra salud física y/o mental, al fin y al cabo somos nosotros nuestros mejores amigos y aliados nuestros. Pero es que nos gusta tanto mirarnos el ombligo… La frase ‘yo, mi, me, conmigo’ se me grabó en la memoria de cuando estudiábamos las primeras gramáticas en aquellas cartillas de los parvulitos de la escuela de la infancia. Muchos años más tarde utilizó el gran Joaquín Sabina este ejemplo para titular su decimosegundo álbum musical, aunque en vez de ‘conmigo’ puso ‘contigo’ para ganar en complicidad. Antes de pensar en los demás pensamos en nosotros, bien, pero es que ni tanto ni tan calvo.

El colmo del egoísmo para mí (y pondré un ejemplo algo escatológico) es el hecho de que no nos molesten, e incluso disfrutemos, oliendo nuestros gases corporales al tiempo que nos parecen asquerosos los pedos de los demás. Llámame guarro si quieres, pero en mi casa al pan le llamamos pan y al vino, vino. Prefiero llamarlos pedos que ventosidades y quien no se los tire que levante la mano. Lo nuestro es nuestro y lo de los demás, de los demás. Sólo conozco una persona, un antiguo amigo que disfruta oliendo pedos ajenos y no le considero un enfermo, sino alguien que ha pasado por la razón esa contradicción entre lo mío y lo tuyo. Es como las madres y sus hijos, que por más feos que sean los críos, sobre todo al nacer que la mayoría lo son, para ellas siempre serán los más hermosos. Puede ser un mecanismo simple de supervivencia. Cuando nos traen a este mundo tenemos grabados en los genes la misión de intentar sobrevivir, es decir, velar por nuestro cuerpo, querernos, cuidarnos y luego, si hay tiempo y conciencia, nos preocupamos de los otros.
Nos miramos al espejo todos los días. Algunos no ven más allá del espejo, del otro lado. Queremos comprobar que seguimos siendo nosotros, que los demás nos van a ver bien, que nos queremos, que nos gustamos, aunque haya días que queramos romper el cristal porque no nos gusta lo que vemos. ¿A alguien en el reino más hermosa que yo?, se preguntaba la reina malvada. Pero el tiempo pasa inexorablemente: arrugas, canas, michelines… Y algunos tardamos más que otros en caer en la cuenta de que la felicidad de verdad está en darse a los demás, en ayudar, en la solidaridad, en el altruismo, en la otra parte del espejo. Si no te falta de comer, de vestir y la salud la mantienes en un nivel aceptable, ya va siendo hora de que pienses en quitar las piedras del camino de tus semejantes, en intentar hacerles la vida más llevadera. Y para ello no hace falta marchar de misionero a África o de Médico sin Fronteras a Siria. Seguro que lo tienes en casa, en el portal o a la vuelta de la esquina. Siempre hay alguien que precisa de tu dinero, de tu dedicación, de tu conversación o de tu escucha. Te sentirás útil, además te sentirás querido. Y si haces un esfuerzo psicológico suplementario, como seguro que lo has hecho con el queso de Cabrales, puede que algún día superes el asco y no te molesten o hasta llegues a disfrutar de los pedos de los demás. El poder de la mente… y del estómago es infinito.

Asín sea.

Juan.
viernes, 28 de febrero de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Una simple guitarra vale para alegrar un reencuentro



Música

La musicoterapia es una práctica muy efectiva para buscar esa paz interior que tantas veces nos falta. Poner música a la vida es tan recomendable como poner humor o una sonrisa que tanto repito desde este espacio público. En casa, en el coche, en el trabajo e incluso de paseo viene bien la música, aunque si vas por el campo es mejor la música de los pájaros, del agua o del viento. Y si vas acompañado, de la palabra. No rechazo ningún instrumento: piano, violín, batería, violoncello, dulzaina…, y otros tantos. Y ninguna partitura que haya sido creada con buenas intenciones, con el corazón. Hay quien no se cree que me gusten todos los estilos musicales, desde el clásico al rock, pasando por las baladas, la música popular, folclórica, el heave, el tecno, el pop… ¿Por qué me gustan Los Pecos o Perales y al mismo tiempo Nirvana o ZZ Top? ¿Por qué adoro las canciones de los Beatles y me apasiona el doudouk del armenio Levon Minassian? ¿Por qué me embeleso con las notas compuestas por Strauss o Mozart de igual modo que cuando interpreta Manolo García o Joaquín Sabina? Suelo recomendar a Hierba del Campo, La Braña o Tarna. Cómo reconfortan el alma. No hay explicación a esta especie de contradicción, a no ser que carezca de personalidad musical. Me gustan todas… las canciones, no hago ascos ni a los truenos que salen de las nubes cabreadas (no temo al trueno, sino al relámpago; tampoco al ladrido, pero sí a la mordedura). Canto mal, bastante mal, lo reconozco, pero no dejo de cantar, hasta en la ducha, a pesar de que me ordenen callar en casa en favor del buen gusto. No toco bien ningún instrumento musical, he sido bastante vago para aprender, lo reconozco. Pero para no molestar tengo una buena alternativa, la de tararear y silbar. Un señor de mi pueblo, viudo y bastante mayor, vive solo y cuando camina en solitario siempre va tarareando o silbando y no creo que sea porque esté muy contento y animado precisamente. Es su terapia de acompañamiento. Y seguro que le funciona.

Me interesan las letras de las canciones, pero la mayoría de las veces me dejo llevar simplemente por las notas. De hecho me encantan muchos temas en inglés o francés, idiomas que no controlo en absoluto. También he sido vago en aprender idiomas, sé que yo me lo pierdo. Pero volviendo a la música, no conozco a nadie que la aborrezca (al menos algún estilo) y si dicen que amansa a las fieras es porque ya habrá estudios que demuestren los beneficios que tiene sobre las otras especies animales. Creo que a las vacas las ponen música para que den más leche y a las gallinas para que pongan más huevos.

Aquí va consejo y regalo: si andas bajo, decaído, distraído, si parece que te falta el aire, la ilusión, la esperanza, no esperes al 1 de enero para escuchar el Concierto de Año Nuevo, ponte algo de música (con Internet lo tienes fácil) y recuerda que esas notas, esos acordes, alguien los escribió para ayudarte a tirar para adelante, para hacerte la existencia más llevadera, más liviana. No es para ‘evadirte’, es para ‘invadirte’ de optimismo. Y funciona, vaya que si funciona. El regalo es este, un ejemplo de músicapara alimentar el alma.

Asín sea.

Juan.
viernes, 14 de febrero de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA


No siempre lo que vemos es lo que parece
Mentiras

Le doy muchas vueltas a la cabeza sobre la sinceridad, sobre esa tendencia innata que tenemos los humanos a mentir. Hay mentiras gordas, mentiras y mentirijillas, pero como diría el célebre doctor House, lo que está claro es que todo el mundo miente, en eso estoy totalmente de acuerdo. Sé que esa contradicción, esa especie de culpabilidad me viene de la religión católica, de la catequesis y de cuando tenía que confesar mis pecados y el primero que le contaba al cura era que había dicho mentiras. El cura no se asombraba ni me ponía mucha penitencia, por algo sería.
Que no se puede ser totalmente sincero en todo momento lo descubrí cuando llegó a mis manos por casualidad (lo encontré tirado en la calle, no sé quién me lo pudo poner a mi paso) un DVD con la película ‘Increíble pero falso’, una cinta americana de 2009 escrita, dirigida y protagonizada por un excelente Ricky Gervais. Si tenéis oportunidad de visionarla comprobaréis qué locura supone que todas las personas digan siempre la verdad. Una verdadera y peligrosa barbaridad, digo. Una realidad sin ficción ni creencias religiosas. Y la reacción y el giro que da toda la historia cuando el protagonista miente una primera vez, y una segunda, y una tercera…. Y el lío que se monta. No sólo es una película divertida, es una oportunidad para reflexionar.
Yo intento ser sincero con las cosas importantes, las cruciales, como las de las relaciones humanas, pero otras, sin embargo, he encontrado utilidad en soltar pequeñas mentiras que no sólo me benefician a mí, sino que mejoran esas relaciones entre semejantes sin que me puedan llegar a llamar embustero en el caso de que me pillen en renuncio, que riesgos corro como es lógico, como todo el mundo: “Estoy yendo” (no he salido aún); “Ya te llamo yo” (en el fondo no quiero hablar ahora y a lo peor después tampoco);…. Es decir, mentiras diplomáticas que no van más allá. Pero igual que digo una cosa digo la otra: no me gusta nada que alguien me mienta en asuntos vitales,  ahí soy intransigente. La decepción me lleva a la desconfianza y ésta al desinterés por la persona. Y si la mentira es norma, si es compulsiva, apaga y ‘amonos’, prefiero a mi perro que nunca me mintió... hasta ahora.

Asín sea.

Juan.
Anuncio de la película que toca el tema de la mentira

viernes, 31 de enero de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA


Nunca se quejaron las rosas por llover a cántaros
Si llueve, que llueva

De un tiempo a esta parte noto que no me molesta tanto como antes que haga mal tiempo: viento, lluvia, nieve, niebla… Y a pesar de mis catarros me importa poco que llueva sobre mi cabeza desde que descubrí el vídeo promocional de una conocida cadena gallega de supermercados donde una señora cuenta lo poco que le preocupa que llueva, más en Galicia, su tierra del alma. La grabación está en gallego, pero se entiende. Hay tantas cosas que celebrar, que no merece la pena enfadarse sólo por que llueva. En estas zonas del norte de España o de Inglaterra, por ejemplo, sería para deprimirse por la cantidad de días nublados o de lluvia de hay y, sin embargo, esto no ocurre o puede que la gente simplemente sea un poco más triste y melancólica que la del sur, donde el sol lo envuelve casi todo. Puede que sí. Pero yo comulgo con el refrán de ‘A mal tiempo, buena cara’. Y si encima pensamos que el agua es vida, que todos los seres necesitamos del agua para vivir, para crecer, un regalo que nos viene del cielo… Sí, ya sé que el granizo, los rayos y huracanes también vienen del cielo, pero hemos quedado que vamos a pensar en positivo, ¿no? ¿Alguien recuerda la escena central de la película ‘Cantando bajo la lluvia’? No se trata de coger una pulmonía, no, pero ese film encierra el mensaje al que me refiero.

Relacionado con la lluvia escuché el otro día una entrevista de un joven empresario (ahora se les llama emprendedores) que había sacado a la venta por Internet unos paraguas de la felicidad, de colores vivos y con mensajes para alegrar el espíritu. El mensaje principal de esta página es “porque la lluvia no es la culpable del mal humor de las personas”.

En resumen, cuando haga mal tiempo sal a la calle, piensa que el agua es vida, coge un paraguas alegre y, si hace falta, canturrea algo (los pájaros no dejan de cantar ni de comer porque haga mal día), que se note y que te noten que un chaparroncito no te va a estropear el día.

Asín sea.
Juan.
martes, 14 de enero de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Nos enganchamos a casi todo, como la misma hiedra


Adictos

Qué fácil es engancharnos a las cosas, a los vicios mundanos. Cada vez hay más adictos al alcohol, a la coca-cola, a las drogas, al móvil, a los juegos, a las tragaperras, al azúcar, a las redes sociales/Internet, al café, a la televisión, a las noticias… una lista interminable de todo lo que se te ocurra que sirva para evadirte, para esconderte y huir de los problemas, para olvidarlos en vez de afrontarlos. Con esto no descubro nada nuevo, ¿verdad? Pero últimamente me he dado cuenta la tendencia que tenemos algunos a engancharnos también a lo bueno, a lo que nos produce placer y felicidad, incluido a las personas positivas que nos transmiten valores deseables. ¿Nunca te has descubierto el deseo que tienes de estar el mayor tiempo posible con aquella persona que te produce bienestar su cercanía o su conversación aunque sea por teléfono? Pues yo he descubierto que soy adicto al Teléfono de la Esperanza porque hago un taller y espero el día de la sesión semanal como agua de mayo; acaba ese taller y espero que se planifiquen los del trimestre siguiente para hacer uno nuevo que me enriquezca el espíritu aún más; abro el blog cada mañana para ver si la reflexión de ese día y sus comentarios me nutren tanto como el comer. ¿Eso es malo? Ni bueno ni malo, sólo que estaría bien darnos cuenta de que esos apegos quizá se vuelvan ‘enfermizos’ y sería conveniente ir soltándolos, relajar el imán que tira de nosotros. Todo, con las dosis adecuadas, es beneficioso para cuerpo y mente. Y si alguien quiere saber cuál es la dosis adecuada, pues mi respuesta es esta: la dosis adecuada es la que el sentido común te dicta, si bien el sentido la mayoría de las veces más que común es muy particular porque, como el dicho de moda, nos solemos pasar tres pueblos. Y aprovecho aquí para decir que yo no suelo pasarme muchos pueblos, yo suelo parar en esos pueblos, porque siempre hay un paisano o paisanaje que merecen la pena disfrutar… pero sin engancharse mucho, se entiende.
Asín sea.

Juan.
miércoles, 1 de enero de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA


La queimada o ‘fuego azul’ invita a reunión y a la alegría colectiva

A carcajadas

Ya me he confesado adicto al humor, al buen humor (Humor y Amor se parecen, recuerda). Me parece que reír es una excelente terapia, de hecho existe la técnica muy extendida y recomendada denominada ‘risoterapia’. Hay que practicar la sonrisa, la risa y la carcajada. Es gratis y beneficioso para el cutis y el corazón. Soy contador de chistes, casi siempre cuento los mismos, como hacía mi tío Pepe -el filósofo de lo rural-, muchos son esos mismos que he adoptado tras su muerte, algunos muy malos, pero no me importa que me lo echen en cara, no me desanimo, porque por muy malos que sean y por muy conocidos, no dejarán de provocar al menos una sonrisilla. Y si al acabar de contarlo ríes tú primero, invitas a reír por contagio. Yo insisto, no voy a parar de intentarlo, porque necesitamos tanto la risa para sobrevivir… Y, otra cosa importante, lo bueno, como lo malo, se contagia; la risa provoca risa y lo positivo sólo puede traernos algo positivo. Es como el optimismo… ¿A que si piensas machaconamente que algo bueno te va a pasar, que te van a aceptar en este sitio o grupo, que vas a lograr esa meta u objetivo, acabas lográndolo? Que sí, que sí, no seas cenizo. Pues eso, piensa en positivo y tendrás buena cosecha; piensa en negativo y te caerá el chaparrón encima. Y cuando te pasa algo malo, hay que saber encontrar lo positivo de ello, que siempre lo hay, no lo dudes, aunque sólo sea el aprendizaje, que no es poco.
Y para predicar con el ejemplo, aquí dejo estos chascarrillos que circulan por Internet, pero que aunque hayas leído/escuchado con anterioridad te van a provocar de nuevo la sonrisa:

¿QUIÉN DIJO...?
!Abajo las drogas!
(Los del sótano)

Vayamos al grano
(Un dermatólogo)


Vayamos por partes.
(Jack el Destripador)


Mi esposa tiene un buen físico.
(Albert Einstein)


Entre pitos y flautas se nos pasó la noche.
(Las putas)


!No a los golpes, sí a los porrazos!
(Bob Marley)


!No más derramamiento de sangre!
(Tampax)


Nunca pude estudiar derecho.
(El Jorobado de Notre Dame)


Ser ciego no es nada, peor sería ser negro.
(Stevie Wonder)


Cuando te fuiste me dejaste un sabor amargo en la boca.
(Mónica Lewinski)


Hasta mañana si yo quiero.
(Dios)


Tengo todos mis hijos de apellido distinto.
(Carlos Distinto)


Me encanta firmar autógrafos en pelotas.
(Un jugador de tenis)


Yo tengo un pasado muy negro.
(Michael Jackson)


Convencer a la Reina me costó un huevo.
(Cristóbal Colón)


Mi padre es un viejo verde.
(El increíble Hulk)


Tengo un nudo en la garganta.
(Un ahorcado)


Si hay algo que me revienta, son los alfileres.
(Un globo)


Levantaré a los caídos y oprimiré a los grandes.
(El sostén)


Se me fue la mano.
(Mazinger Z)


La humanidad me gusta cada día más.
(Un caníbal)


Los reyes son los padres.
(El Príncipe Felipe)


¿Qué mierda pasa entre nosotros?
(Los cachetes del culo)


Si su suegra es una joya, aquí le tenemos el estuche.
(La funeraria)


Anoche me echaron un polvo que casi me mata.
(Una cucaracha)


No veo la hora de irme.
(Un ciego)


La leche me la tomo, la silicona la escupo.
(El hijo de Pamela Ánderson)


Mi novia es una perra.
(Pluto)


Eres la única mujer de mi vida!
(Adán)


Asín sea.
Juan.
domingo, 15 de diciembre de 2013

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Ellos son la razón principal de vivir, la alegría de la huerta.


Niños

Un día de este pasado verano me llamó la atención una pareja joven porque mis hijos estaban tirando petardos en la plaza del pueblo a las 10 de la noche. Les molestaba. Bien, lo entiendo, es un ruido que asusta aunque a los pequeños les agrade. Pero no me gustó el tono en el que me lo recriminaron porque vino con la frase añadida de ‘menuda educación’. Sobraba, la verdad. Pero eso me dio pie a contraatacar (la venganza está muy dentro de nosotros aunque no lo queramos reconocer) y les recriminé a ellos que no sujetaran al perro que tenían porque me había ladrado a los pies y también eso me resultaba molesto a mí. Fui cruel al preguntarles ¿A que vosotros no tenéis hijos? Efectivamente, no los tenían, tenían perro, sino quizá hubieran entendido esa necesidad innata que tienen estos chavales de chinchar, correr, gritar, gastar bromas (quién no llamó a una puerta y corrió a esconderse), burlarse… Claro que hay que ponerles límites a los menores, pero aquí no quiero hablar de la educación, sino de niños, de hijos. Desde bien joven tuve como meta formar una familia y tener hijos. Lo tenía claro. Lo consideraba como ley de vida. Mis padres me habían engendrado y era lo menos que podía hacer yo, crear vida también. He tenido dos hijos y, la verdad, me hubiera gustado tener más de no haber sido por las circunstancias económicas y personales que no lo aconsejaban. Es una experiencia tan enriquecedora… Lo que se aprende cada día, lo que te enseñan.
No puedo por menos que sentir lástima por las parejas que voluntariamente han decidido no tener hijos. Y tengo varias en mi entorno. Quienes no pueden biológicamente tenerlos es distinto. También queda el bello gesto de adoptar, a pesar de las trabas que pone esta sociedad a la adopción. “Anda, con la guerra que dan, con lo bien que se vive sin niños”. Me parece el colmo del egoísmo. Quienes no tienen hijos por voluntad propia son también cobardes por no querer enfrentarse a la tarea más importante de esta vida, criar y educar a unos seres que te llenan completamente como persona. Tarea nada fácil, a la que nadie te enseña, pero ¿acaso alguien dijo que fuera fácil vivir? Y muchos de esos padres potencialmente vacíos vienen de una familia numerosa, donde alaban a padres y hermanos. Entonces, ¿qué les ocurre? No lo entiendo, perdónenme. Desde que entré a la escuela se me quedó grabado esa afirmación que dice que los animales (no olvidemos que somos animales y en muchos momentos muy muy animales) nacen, crecen, se reproducen y mueren. Bueno, pues hay de quien se salta la tercera fase haciendo alusión a su libertad. Bien, bueno, pues sigo sin entenderlo. ¿Soy algo rudo? Puede que sí, pero es que ahora mismo no me cambio con nadie que me diga que al no tener niños viajan donde y cuando quieran, duermen a pierna suelta, se levantan los fines de semana a la hora que les dé la gana, pueden dedicar su tiempo libre a cultivar el ocio y las aficiones. Bien, bien, pues ale, a vivir así sin problemas, pero ya llegaremos a viejos, si es que llegamos. Yo, de momento, ya tengo otra ilusión a largo plazo, tener nietos de los que disfrutar como estoy disfrutando de mis hijos. Eso siempre que mis niños no sean de los que ‘pasen’ de tener hijos. Por si acaso, les invitaré a que lean este apunte por si puedo influir en ellos. Estoy aún a tiempo.
Asín sea.

Juan.
lunes, 2 de diciembre de 2013

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA


En nuestros sueños aparecen historias ilógicas o irreales, pero no lo son


SUEÑOS

Se puede soñar despierto o dormido, pero es necesario soñar, forma parte de nuestra biología. Las proyecciones de la voluntad, los deseos, los anhelos, no se puede dejar de buscar un sentido a la vida. Soñar despierto tiene verdaderos riesgos, crear elevadas expectativas sobre lo que está por suceder, pero creo que si te predispones a que algo suceda tienes un elevado porcentaje de que acabe sucediendo, tanto para lo bueno, como para lo malo.

Hubo unos años de mi vida, cuando andaba por las dos décadas (ya sobrepasé las cuatro y ando buscando la quinta) que me dio por recordar casi todo lo que soñaba (lo escribía nada más despertar para que no se desvaneciese el recuerdo) y, curiosamente el escenario donde se desarrollaban siempre era el mismo, el pueblo donde nací, sus gentes, y por allí se mezclaban historietas y personajes variopintos, las más de las veces, inconexos. Un buen amigo sabía de mi afición a escribir estos sueños y cuando llegaba a casa me pedía que se los leyera. Fue a través de él que comencé a interpretar esos sueños, a comprobar que todas esas micropelículas tenían algún sentido, bien sobre algo que me había ocurrido recientemente, bien sobre algo a lo que me tenía que enfrentar pronto y que quizá me suponía algún bloqueo. Digamos que comencé a hacer caso a mis sueños, sobre todo a no verlos como imaginaciones irreales del subconsciente, sino como mensajes concentrados con pistas internas.

De aquella época es parte de un poema que me atrevo a reproducir en este apunte sobre mis reflexiones de entonces sobre los sueños, mezclados con la muerte y el amor. Lo que también me atrevo a recomendar a los lectores de este blog (escaparate para pensar) es que hagan un poco más de caso a sus sueños, pues están creados por vuestras mentes pensantes y, aunque estén fabricados mientras dormimos, no por eso dejan de tener su importancia, su crucial importancia me atrevería a decir. Se trataría pues de pensar, de descifrar las claves de lo que quieren decir esos sucesos, imágenes, personajes que aparecen cuando, aparentemente, no somos consciente de lo que pasa por el cerebro. Pero sí, es tu cerebro, es tu mente, son tus ideas disfrazadas de sueños a los que, quizá, deberías hacerles un poquito más de caso, sin obsesionarte, aunque cueste encontrar las coordenadas.

“Para morir dormimos,
pero tenemos miedo
y despertamos.
Los muertos duermen
y no quieren despertar.
Los que soñamos
vivimos mientras soñamos.
Los que no sueñan
continúan muertos.
Los que amamos, morimos;
los que no aman,
no saben lo que se pierden.
Los que escribimos,
qué locos estamos”.
Asín sea.

Juan
jueves, 14 de noviembre de 2013

HOY 15 DE NOVIEMBRE ES EL DÍA DE LA ESCUCHA

También debemos aprender a escuchar la llama de tu corazón

Escucha bien

Hoy, 15 de noviembre, es el día de la ESCUCHA y para El Teléfono de la Esperanza escuchar es la mayor de las misiones que tiene encomendada esta organización altruista, desinteresada y aconfesional que a muchos de nosotros nos tiene atrapados en un rincón importante de nuestro corazón con un compromiso fuerte.
Cualquier psicólogo podría dar aquí buenos consejos sobre cómo escuchar adecuadamente, el tema daría para un curso de varias sesiones, pero los días 15 me los tienen reservado estos del blog y la casualidad ha querido que me toque hoy hablar del tema. Por eso, ESCUCHA bien lo que te cuento:
Uno de los principios más importantes y difíciles de toda comunicación es saber escuchar. La falta de comunicación que se sufre hoy día en esta sociedad rasgada y de locos se debe en gran parte a que no se sabe escuchar a los demás. Damos mucha importancia a lo nuestro, a nuestros mensajes, nos volvemos egoístas sin importarnos demasiado los demás, sin tener en cuenta que existe una necesidad imperiosa de echar fuera la carga pesada, de soltar presiones para que no explote la bombona de nuestra mente. Y para que alguien eche fuera sus preocupaciones, sus angustias, es necesario que haya alguien del otro lado de la mesa o del teléfono que recoja, que escuche, que acoja. Escuchar no es algo automático, eso es oír, eso es percibir las vibraciones de los sonidos. Escuchar requiere un esfuerzo mayor que hablar. Pero esa escucha ha de ser activa, hay que hacer un esfuerzo suplementario para interpretar y entender a quien se escucha. A escuchar se aprende escuchando.
La escucha debe ser afectiva. Hemos que escuchar las palabras, pero también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen sobre lo que el otro cuenta. Y para entender a alguien se precisa empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona.
Si tuviéramos que incluir algunos elementos que facilitan esa escucha activa añadiríamos los siguientes:
-Disposición psicológica: prepararse interiormente para escuchar.
-Expresar al otro que le escuchas con comunicación verbal (ya veo, umm, etc.) y no verbal (contacto visual, gestos, postura del cuerpo, etc.).
-No distraerse, porque es fácil perder la atención en algún momento. Hay que hacer un esfuerzo para que nuestra atención no decaiga.
-No debemos interrumpir al que habla.
-No juzgar.
-No ofrecer ayuda o soluciones prematuras (y menos antes de que acabe el otro de hablar) porque quien habla seguro que no está aún preparado para recibir mensajes por muy sencillos y ‘salvadores’ que nos puedan parecer.
-No rechazar lo que el otro esté sintiendo, por ejemplo, nunca decir eso de: “No te preocupes, eso no es nada”.
-No contar “tu historia” o decirle que tú también te sientes mal, recuerda que es el otro quien necesita hablarte; tú debes simplemente escuchar.
A modo de resumen diré que creo que quien escucha aprende y de paso se sana tanto o más que el que habla. Para vivir hace falta beber, comer, respirar… y comunicarse con los demás,… y con la madre naturaleza. Y si te da reparo hablar y/o escuchar, piensa que todos necesitamos de todos, no sólo de los más cercanos, a veces los menos conocidos son las personas ideales para manifestarles nuestras inquietudes/preocupaciones y más para escuchar sus quejas o pareceres. Todo el mundo tiene su lección para ofrecerte, de ti depende que la sepas recibir o la dejes pasar. La cantidad de cosas que se aprenden de lo que te cuentan los demás; lo bien que viene comprobar que lo que te preocupa a ti son nimiedades comparado con lo que le ocurre y les pasa por la cabeza a tus semejantes. Escucha y escucha bien, que merece la pena. Y mucho. Feliz día de la escucha.
Asin sea.
Juan.



jueves, 31 de octubre de 2013

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Gracias al sol que nos regala cada día su luz y calor


Gracias, muchas gracias, mil gracias

Me gusta pedir las cosas por favor, eso no se me olvida por puro respeto, pero lo que no paso nunca es por dar las gracias por todo, no sólo cuando me hacen un favor, me ayudan o me regalan algo material o sentimental, he tomado por sistema dar las siempre las gracias por todo y últimamente no sólo verbalmente, sino mentalmente también. Gracias, muchas gracias, mil gracias.
Es verdaderamente gratificante y beneficioso para la salud cuando escuchas a alguien que te da las gracias. A veces me he sorprendido preguntándome por qué me da alguien las gracias. Pero luego digo, no importa, es gratis y el efecto es muy positivo. Me apunto a esta política de gestos altruistas. Agradecer a los demás que te pregunten cómo estás tú, tu familia, tu trabajo, tu estabilidad mental; gracias porque se pare alguien a escucharte y le puedas contar lo que te preocupa o simplemente lo bien que te sientes en ese momento; gracias porque hayan parado en un paso de cebra, por dejar salir antes de entrar; gracias porque te atienden con amabilidad, con educación; gracias por permitirme la convivencia con una persona con defectos y a veces impertinente; gracias por saber perdonar; gracias por las oportunidades que te permiten abrirte a la vida; pero sobre todo gracias a la propia vida, gracias por poder ver, respirar, palpitar, ver, oír, oler, tocar, sentir… Gracias a la vida que me ha dado tanto, que dice la canción; gracias al esperma más listo de mi padre y al óvulo más acogedor de mi madre que se juntaron para que hoy pueda estar vivo; gracias a los miles de corazones con los que me he cruzado en mi vida y que me permiten compartir con ellos lo que le ocurre a mi cuerpo y lo que se me pasa por la mente; gracias a la gente que aún me queda por conocer y de la que sin duda tengo tanto que aprender, porque cada persona es un mundo lleno de sabiduría del que poder extraer algo positivo, sí, digo cada persona de este mundo; gracias al sol que sale cada día; gracias a la luna que me acompaña; gracias a todos los elementos de este territorio llamado planeta Tierra que nos regalan la estancia aquí.
Gracias a los lectores de este blog que me soportan dos veces al mes para que siga alimentando mi pequeño ego de periodista o escritor frustrado. Gracias, muchas gracias, mil gracias.
Asin sea.

Juan
lunes, 14 de octubre de 2013

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

La vida es bella como una flor o un paisaje


La vida es bella, te lo digo yo

Me quito el sombrero ante Roberto Benigni que escribió, dirigió y protagonizó la película La Vida es Bella, una peli vitalista y optimista donde las haya, desarrollada en un ambiente ciertamente complicado y hostil como fue el nazismo alemán, la persecución de los judíos y los campos de concentración. No me cansaré de ver esta película ni de escuchar su música preciosa. http://www.youtube.com/watch?v=GE0CZNCs41sTengo pocos sistemas personales mejores para animarme muchos días al despertar como la decirle a mi pareja esa frase ya mítica que se repite en la cinta de: "Buenos días, princesa". Funciona, de verdad. Ese buen hombre es capaz de sobreponerse y sobrevivir con mucho humor italiano ante la violencia militar de los nazis, esos que se creían una raza superior, bueno más bien se lo creía un psicópata frustrado con bigote que fue capaz de convencer a otros millones de enfermos. Y el dolor que causaron creyéndose superiores, matando y torturando. Cómo Benigni es capaz de hacer creer que el campo de concentración donde encierran a toda la familia para matarles en las cámaras de gas es un lugar donde juegas con el resto de judíos para ver quién gana un tanque. ¡Dios que maravilla! Un padre que sacrifica su vida para salvar a su hijo. Duro, duro. ¿Qué padre no lo haría? Vaya lección vitalista. En la peli se habla de amor, del poder de la mente, del racismo, del odio, del miedo, de la alegría y el optimismo sin límites… Que esta película es buenísima y recomendable casi nadie lo discute, prueba de ello es la cantidad de premios que ha recibido desde que se filmó en 1997. Otra cosa más discutible podía ser si realmente la vida es bella o no. Pues por existir películas como estas y por otros muchos motivos que ahora no voy a enumerar te digo que sí, que la vida es bella, que merece mucho la pena vivirla, te lo digo yo, y hacerlo con ilusión, plenitud y conciencia, por muy mal que te vayan las cosas. Ya sabes aquello de que “Por muy mal que te vayan las cosas, todo es susceptible de empeorar”. Y si  René Descartes dijo aquello de “Pienso, luego existo”, yo digo esto otro: “Escribo, luego sigo vivo”. Pues eso. Asín sea.
Juanín.