"La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino más bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones".
Alejandro Rocamora Bonilla
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sábado, 3 de mayo de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

gallina güarando

-Las otras madres-

         De nuevo el Día de la madre, la fiesta diseñada para agasajar y agradecer la labor inmensa de una madre en la vida de cada uno de nosotros. Al margen de la materialización del día –encorsetada entre parámetros comerciales teledirigidos- aprovechemos la ocasión para celebrar (que nunca está de más).

         Dado por hecho la insustituibilidad de la madre como tal, hoy quiero dedicar este escrito a aquellas otras mujeres que, sin haber sido madres en el sentido literal de la palabra, han dedicado su vida y sus esfuerzos a criar, educar, formar y enseñar a vivir a hijos ajenos. Y lo han hecho como si de los suyos se tratara.

         Mujeres que, bien opcionalmente o bien por las circunstancias de su vida, no han tenido hijos y se han volcado en los de otras mujeres para verter en ellos toda su capacidad de ternura y comprensión. Mujeres que nos han acompañado en nuestra vida y/o en la de nuestros hijos a cambio de un salario que resulta raquítico para su gran aportación.

         Pienso en la maestra que abrió nuestra mente al mundo, en la cuidadora que compartió nuestros ratos de soledad, en la que nos iba a buscar a la salida del colegio y nos trataba como si fuéramos especiales, en la que limpiaba y aseaba nuestro cuarto y nuestras cosas impartiendo así su sentido particular del orden, en la que aguantó nuestro llanto y nuestras protestas, en la que estuvo con nosotros, en la que nos marcó la infancia…

         Todas esas mujeres sin fiesta que celebrar, que sin embargo son madres putativas, deberían ser reconocidas en el Día de la madre.
                                                                                     M.E.Valbuena


sábado, 26 de abril de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Niebla en alza. Fotografía Jesús Aguado 

-Como la niebla al levantarse –

         Me quedé un día observando un paisaje nebuloso. La niebla era tan espesa que no dejaba ver a través de ella y las cumbres montañosas sólo podían imaginarse. La visión resultaba triste, húmeda, fría y desoladora. A mi alrededor sólo había una masa gaseosa y espesa que nublaba cualquier atisbo de luz.

         Sin embargo, en cuestión de minutos, la niebla empezó a alzarse, la luz apareció y el paisaje (incluso el pico más alto de la montaña) pudo apreciarse en toda su belleza.

         Pensé entonces en cómo cambian las cosas en cuestión de tiempo y de las circunstancias. El mismo lugar físico que me transmitió desolación minutos antes, me transmitía en ese momento alegría y optimismo. ¿Qué había ocurrido? Algo tan sencillo como que la luz pudo con la niebla y se impuso sobre la oscuridad.

         Trasladé la metáfora a la vida cotidiana: vivimos a veces rodeados de niebla; otras, bajo un sol aplastante; y la mayoría, entre sol y sombras. Cuando la humedad de la niebla se nos haga insoportable o la luz abrasadora del sol insufrible, pensemos que todo pasa y que seguimos siendo los mismos en cualquier estado, por mucho que éste nos afecte.

         Así como la niebla física se levanta en cuestión de minutos vencida por la luz, así también  la  otra niebla – la niebla emocional- desaparecerá de nuestro alrededor vencida por la alegría de vivir.

         Esta reflexión en aquel momento me aportó serenidad y mi experiencia vital me ha demostrado después que así es.

                                                                                     M.E.Valbuena
sábado, 19 de abril de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


- ¿Qué harías tú? -

         Uno de los últimos libros que he leído ha dejado una pregunta resonando en mí. Cada libro deja un poso, un comentario, una curiosidad, un dato histórico, un cuestionamiento… en cualquier caso, un aprendizaje.

         La lectura versaba sobre los nuevos emprendedores y sus habilidades, lo que se espera de ellos, el papel que les toca jugar en la sociedad actual y cuál debe ser su perfil más adecuado. El libro está escrito en clave de autoayuda (como otros muchos en este campo).

         El caso es que en un momento dado el protagonista lanza su pregunta clave: “¿qué harías tú si supieras que te quedan sólo 24 horas de vida? ¿Seguirías trabajando en lo tuyo o darías un giro rotundo a tus actividades?” Si eligieras lo primero –seguir haciendo lo que estás haciendo- se supone que trabajas en lo que quieres, que amas tu profesión y que disfrutas ejerciéndola. Si, por el contrario, decidieras abandonarla drásticamente es que tu profesión sólo es un medio de obtener dinero que no te hace feliz ni te realiza como persona.

         Y ahí están las preguntas: ¿qué hago con mi vida? ¿Qué haces con la tuya? ¿Qué hacemos todos? ¿Buscamos actividades que desarrollen todo nuestro potencial y nuestros talentos o nos limitamos a ganar dinero sin más? ¿Damos lo mejor de nosotros mismos a la sociedad para que ésta mejore día a día o somos seres pasivos acostumbrados a pedir desde la comodidad? ¿Hacemos lo que está a nuestro alcance o nos quejamos de que nadie haga nada?

         Una respuesta la da el mismo libro parafraseando a Og Mandino: vive cada día como si fuera el último de tu vida.


                                                               M.E.Valbuena
sábado, 12 de abril de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


-      Últimas confesiones –

         He tenido la suerte de escuchar recientemente a alguien que acompaña a enfermos terminales en sus últimos momentos. La muerte es un misterio que asusta por indescifrable y, a veces, nos aleja de aquellos a los que más queremos cuando más nos necesitan. No podemos con el dolor que provoca su marcha y huimos físicamente o no hablamos con claridad de sus sentimientos. Por ello, la labor de quien acompaña los últimos momentos de vida me parece valiente, generosa y muy necesaria.

         En el caso que me ocupa, él sostiene que escuchar a un moribundo es darle serenidad y calma, es ayudarle en la partida haciéndole saber que no está  solo ante lo desconocido, es proporcionar alivio y esperanza por encima de nuestro propio dolor.

         También contó que la mayoría de las personas terminales confiesan arrepentirse de no haber vivido más intensamente los momentos importantes de su vida y los detalles que la hicieron grande. Nadie –cuenta desde su experiencia- ha echado de menos tener más dinero, más prestigio o más poder.

         Alguna vez he llegado a intuir estas cosas y esta conversación acabó de confirmármelas: La vida se vive o se pierde.

         Y vivir implica escuchar, sentir, contemplar, acallar, hacer desde nuestro yo más profundo. Lo demás no deja de ser una suma de acciones inconexas y frenéticas, muchas ellas dictadas por agentes externos a nosotros, a las que, en la mayoría de los casos, no encontramos sentido.


                                                                           M.E.Valbuena
sábado, 5 de abril de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


-      Las hojas del calendario -

         Seguro que en todas las casas y lugares de trabajo hay uno o varios calendarios que consultamos frecuentemente a lo largo del mes. O del día, según los casos.

         El calendario es un artículo útil e imprescindible que marca el paso del tiempo, nos señala el día en que vivimos, la onomástica que se celebra, los días festivos. En él apuntamos las citas importantes, las vacaciones, los acontecimientos que no debemos olvidar. Nos sirve de referencia para hacer planes y nos acota el tiempo.

         Existen multitud de modelos: de mesa, de pared, de bolsillo, de agenda, decorativos, digitales, sonoros, originales, pequeños, medianos o grandes. El caso es que, queriendo o sin querer, nos va pautando la vida.

         A veces, la curiosidad me lleva a mirar el calendario de principio a fin buscando una fecha determinada y, estando a principios de año, me descubro en diciembre. Entonces me doy cuenta de lo rápido que puede pasar el tiempo concentrado en doce hojitas de nada.

         De un tiempo a esta parte, cada vez que arranco la hoja del mes concluso, siento que mi vida se va en parte con ella, porque lo vivido en ese mes no volverá de nuevo y los momentos perdidos tampoco. Los días y los meses pasan inexorablemente, los aprovechemos o no.

         O me embarga la nostalgia cuando encuentro en una casa cerrada un calendario de hace años, de cuando había vida en ella, de cuando era útil a sus moradores. Ellos se fueron y el tiempo –que parece detenido allí- sigue corriendo, ajeno a quien lo sigue.


                                                                           M.E.Valbuena
sábado, 29 de marzo de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Comentando. Foto Jesús Aguado

-      A propósito de los comentarios -

         Me gusta leer los comentarios que se hacen en los blogs. No sólo en este del Teléfono de la Esperanza ni los que a mis escritos se refieren (cuya lectura no deja de ser una forma de alimentar al ego) sino en todos en general.

         Cuando entro en un blog leo el artículo en cuestión y leo detenidamente sus comentarios. A veces – las menos- no me aportan gran cosa, pero normalmente me dan una visión más amplia de la realidad y sus bifurcaciones.

         Recuerdo, por ejemplo, alguno que me ha dado pistas para buscar nueva información o para escribir yo misma sobre algo. Y lo he agradecido profundamente, porque hay momentos en que una palabra o una sola idea valen más que un discurso.

         Entiendo que hay personas que no se sienten capaces de desarrollar un escrito, pero sus aportaciones en los comentarios a uno dado son muy valiosas, sobre todo por la humildad de quien escribe sin esperar nada a cambio y por la despreocupación de no tener que templar gaitas.

         Por lo que a mí respecta, agradezco cada comentario recibido. En unos casos, por haber percibido a través de ellos cariño y cercanía. En otros, por dar nuevos enfoques a mi escrito. En la mayoría, por ser la prueba de que se lee lo que escribo. Y en todos ellos, por el esfuerzo demostrado de quienes no se limitan a una lectura pasiva.

         Muchas gracias.

                                                                           M.E.Valbuena
sábado, 22 de marzo de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Primavera. Foto Jesús Aguado

-      Ya está aquí –

         Nunca como este año he deseado que llegara la primavera. Nunca he ansiado tanto la luz, el calor, el cielo azul y el colorido que ella nos trae, a pesar de los estornudos, la congestión de las vías respiratorias, los picores y los lagrimeos de ojos que también nos regala.

         Desde mi niñez he escuchado decir a mi padre que el invierno era lo más triste que había en la vida. Siempre me reí de tal afirmación, hasta este año. El invierno me ha resultado largo, oscuro, duro, cruel y triste como pocos. Demasiado triste como para echarlo de menos. Sólo he deseado que se acabara de una vez y se llevara con él su manto de tristeza.

         Salir a la calle estos días –sobre todo al campo- y descubrir esta nueva estación insufla optimismo.

         Observar los nuevos brotes en los árboles es una llamada a la vida que está por venir. Escuchar los incesantes trinos de los pájaros es un concierto gratuito de matices sonoros que llama nuestra atención y nos hace estar atentos a los mínimos detalles. Perdernos entre los tonos amarillos, verdes, rojos y violetas de la naturaleza y los jardines nos aporta alegría y vitalidad. Sentir el calor en nuestra espalda y en nuestro rostro nos invita a desprendernos de abrigos y capas y a andar más livianos. Dejarnos invadir por la luz es VIVIR LA LUZ.

         Yo necesito esa LUZ. Y creo todos la necesitamos.

                                                                                     M.E.Valbuena
sábado, 15 de marzo de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


-      El ciclista del sombrerito gris -

         Durante días, cuando iba a trabajar a primera hora de la mañana, me cruzaba en mi camino con un chico que transitaba en bicicleta por el suyo. Le veía aparecer a lo lejos de la estrecha calle, pedaleando entre las brumas de los negros amaneceres invernales, con el abrigo abierto, la cartera en bandolera y el sombrerito gris. A veces, también con bufanda. Cuando llegaba a mi altura, sonreía (tal vez sonriera siempre como actitud vital). Yo lo interpretaba como un “buen día” y sonreía también.

         Al principio sólo reparé en él por el detalle del sombrero. Luego, por la sonrisa en su rostro. Finalmente, cuando enfilaba la calle donde nos cruzábamos, buscaba su silueta en la lejanía. El camino se convirtió en algo así como el ritual del zorro con el Principito.

         Confieso que me gustaba su sonrisa. Me alegraba la mañana y me caldeaba el ánimo. A esas horas en que los viandantes caminan silenciosos, con los párpados caídos, los hombros levantados y las mentes en no se sabe qué, su sonrisa optimista - por atípica y especial- iluminaba la calle. Eso me parecía a mí.

         Desde enero no he vuelto a cruzarme con él. No sé si habrá cambiado su trayecto habitual o su medio de transporte, si su trabajo o el sitio adonde se dirigiera, su situación laboral, estudiantil o de parado… En realidad no sé nada de él. Hasta es posible que hayamos coincidido en otros lugares y caminos y no le haya reconocido.

         De todas formas, por hábito, sigo buscándole cada día. Echo de menos su sonrisa mañanera.
                                                                           M.E.Valbuena
      
sábado, 8 de marzo de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


-      Nieve en marzo -

         Cuando ya los días son considerablemente más largos, los pájaros cantan durante más tiempo y los nuevos brotes de la naturaleza pugnan por florecer, marzo nos da de nuevo nieve. A quince días de la entrada oficial de la primavera el invierno se resiste a marchar, dando últimos coletazos de nieve, temporal y alarma climática. ¡Como si no lo hubiera hecho bien este año!

         Salvando las distancias, la situación me recuerda nuestras propias resistencias al cambio.

         Estamos tan parapetados en nuestra zona de confort, tan protegidos por nuestra fría coraza, tan concentrados y encerrados en nuestro propio ser, que nos da miedo abrirnos a lo nuevo. Tememos salir para no enfrentarnos a posibles retos. Tememos abrir un poco la coraza por si el sol, calentando demasiado, nos obliga a prescindir de su protección. Tememos mirar a los ojos de otros abiertamente por si nos asusta nuestro reflejo en ellos.

         Y no vemos que el cambio nos trae la primavera.

         Ciertamente, con sus altibajos y revolcones emocionales, sus días “locos”, sus niveles de polen, sus cambios caprichosos, su aire y su lluvia. Pero también con su luz y su alegría juguetona, que no es otra cosa que la vida luchando por imponerse.

         Podemos hacer como este duro invierno: negarnos a dejar hábitos de autoprotección, calentitos y seguros (pero invernales al fin y al cabo). O podemos abrir nuestras puertas interiores y exteriores a la locura del porvenir con todos sus riesgos.


                                                                           M.E. Valbuena
sábado, 1 de marzo de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Blanco y negro sobre fondo gris. Foto Jesús Aguado

-      Tal cual -

         Nos equivocamos si queremos ver la realidad de ayer con los ojos de hoy, porque sin querer (o queriendo) la moldeamos a nuestro gusto y la hacemos acorde a nuestras expectativas. No importa si refleja lo que fue. Sólo importa cómo queramos verla.

         Nos equivocamos si la edulcoramos con bonitas palabras y justificaciones a posteriori, borrando de nuestra mente aquello que la ennegrece y la muestra menos atractiva, menos maravillosa.

         Nos equivocamos no queriendo reconocer hechos “probados” que no dan lugar a dudas y que en algún momento nos hicieron sufrir.

         Entonces ¿por qué lo hacemos? ¿Por qué preferimos el autoengaño sabiendo que lo es? ¿Por qué inventamos versiones que nada tienen que ver con lo real? ¿Por qué insistimos una y otra vez en que aquello fue como quisimos que fuera?

         Se me ocurren varias razones. Una de ellas, la manipulación emocional: si consigo hacer ver que la realidad fue esa, seguirá siéndolo. Y es muy dañina (sobre todo para el manipulado) ya que las expectativas serán cada vez más altas, más exigentes.

         Me molestan aquellos que aconsejan callar y olvidar, que ponen todo su empeño en desvirtuar lo evidente. Me molesta que lo hagan ellos y más que aconsejen hacerlo. Al fin y al cabo, se trata de encajar y aceptar, no de no ver lo que está (o estuvo) ante nuestros ojos.

                                                                           M.E.Valbuena
sábado, 22 de febrero de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


-      Buscar entre recuerdos -

         Canta Sabina –parafraseando a García Márquez- que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. Confieso que nunca he entendido lo que quieren decir.

         Ya sé que volver al sitio físico (en su caso, Macondo) es probablemente una decepción, porque con la distancia los buenos recuerdos se magnifican y se engrandecen, de forma que cuando volvemos al lugar de nuestros sueños, éste nos parece raquítico y sin brillo.

         No pretendo volver a ningún sitio donde fui feliz. Sería absurdo recrear el pasado desde el presente. Sólo pretendo recordar momentos en los que fui feliz en ese lugar, sabiendo que nunca ayer será hoy y que los sentimientos son cambiantes.

         Buscar y encontrar buenos y agradables recuerdos puede ayudar a calentar el alma, a relativizar el presente, a sofocar la tristeza. Regresar a donde fuimos felices nos esponja la aridez cotidiana y nos sensibiliza, nos hace reconciliarnos con la vida. Así lo veo yo.

         Por eso me cuesta entender la resistencia a volver a esos lugares y a esos recuerdos.

         A mi me viene bien volver. No para intentar revivir sino para recordar. Recordar que la vida me ha dado muchos momentos felices, muchos encuentros intensos y gratificantes, muchos ratos de paz… y algún que otro revés. Prefiero los recuerdos felices que la amargura del revés.

                                                                  M.E.Valbuena
sábado, 15 de febrero de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Resistiendo bajo la nieve

-      Un pulso –

         Ocurre a veces que la vida nos echa un pulso en el que, desde el principio,  parece que estamos destinados a perder por falta de fuerza o de resistencia.

         Me refiero a esos acontecimientos que nos cambian nuestra cotidianidad, que dan un vuelco a nuestra normalidad. Las demandas se multiplican y donde siempre había una exigencia resulta que ahora hay tres; donde tomábamos una decisión, ahora tomamos cuatro; donde controlábamos los altibajos, ahora es un descontrol.

         A falta de tiempo atendemos las “obligaciones” y cumplimos con nuestros “deberes”, pero olvidamos o dejamos de lado aquellas cosas y momentos que nos nutren y nos alimentan el alma, por ejemplo, la lectura, el baile, los paseos en el silencio de la Naturaleza o los encuentros con los amigos. Nos limitamos a sortear los días, tirando de nuestra despensa emocional, sabiendo que la estamos desmantelando.

         Si a ello se une un invierno largo, duro y frío (como debe ser) y unos días que sólo nos regalan tonos grises y opacos, tenemos el terreno abonado para la tristeza, esa mancha sutil e invisible que impregna nuestra existencia y nos come la fuerza y la ilusión.

         Con la despensa emocional bajo  mínimos y la tristeza a la vuelta de la esquina escudriñando cualquier rendija que la permita colarse, no nos queda otra alternativa que resistir, ya que –en este pulso- la fuerza parece haberse rendido.

         En ello estamos.
                                                                           M.E.Valbuena

                                                                                                       
sábado, 8 de febrero de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO


-      Si sirviera de algo… -

         Si sirviera de algo acumular objetos, ropa, cosas materiales… con el fin de recordar momentos (que ya forman parte de nuestro pasado) o de usarlos en un futuro (que no existe por definición).

         Si llenar los estantes de libros sin leer en espera de mejor ocasión (que nunca llega) consiguiera garantizarnos más años, días o minutos de vida para hacerlo.

         Si posponer decisiones o acciones hiciera que se tomaran o se resolvieran  por sí solas sin el consiguiente enfrentamiento y desgaste personal.

         Si escondernos y huir de lo que no nos gusta, de lo que no queremos ver porque duele, lograra que lo dañino desapareciera de nuestro mundo y de nuestra vida de forma mágica y misteriosa.

         ¡Si todo esto sirviera para algo…! ¡Si hubiera alguna justificación…!

         Pero mientras nos entretenemos con ello la vida sigue su curso –independientemente de cómo vivamos- y en un momento dado se acaba, sorprendiéndonos en aquello que estábamos: acumulando, posponiendo, huyendo, durmiendo o tocando la guitarra.

         Entonces caemos en la cuenta del error de no haber vivido en PRESENTE, de haber pasado por este mundo aferrados a viejas batallas o preparando futuras glorias.

         Y aparece clara una conclusión: todo lo que no se haya dado y compartido, lo que no se dijo y lo que dejamos de hacer,  se ha perdido. Irremediablemente.


                                                                           M.E.Valbuena
sábado, 1 de febrero de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Sobreviviendo, foto Jesús Aguado

-      Dos apuntes sobre el duelo -

         Hace unos días, mientras planchaba, escuché casi por casualidad (aunque no creo en las casualidades) una conversación sobre el duelo. Ignoro de qué programa se trataba y quién hablaba. Supongo que una psicóloga, pero es lo de menos. Lo importante es lo que escuché de la casi finalizada conversación.

         Ella sostenía que la actitud correcta para afrontar un duelo es la autenticidad. No engañarnos a nosotros mismos. No hacer como que no pasa nada. No ocultar los sentimientos de pena, rabia, tristeza, soledad, impotencia… Tampoco las chispas de alegría o felicidad que empiecen a aparecer. En una palabra: en el duelo, como en la vida, se trata de ser auténticos.

         La segunda idea que capté es que de un duelo sólo se sale agarrándose al amor. Hay otras propuestas: la huída desesperada hacia adelante, las adicciones, la ocultación, el aislamiento social… pero ninguna de ellas es válida. Sólo el sentimiento de amor y de perdón puede curar ese dolor. Sólo el amor sana.

         En mi caso, puesto que estoy inmersa en el duelo, puedo afirmar que es verdad. El único consuelo, alivio y bálsamo que encuentro para mi dolor es el cariño y los detalles de la gente que me rodea. Sentirme querida es sanador, del mismo modo que ser escuchada y respetada en el procesamiento del dolor.

         No sé qué más puntos se tocarían en esa conversación, pero las dos ideas que necesitaba escuchar, las escuché. Mi experiencia me está demostrando que es así. No son meras palabras.

                                                                          M.E.Valbuena
sábado, 25 de enero de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Viendo pasar la vida

-      Más motivos de agradecimiento –

Terminé el año dando gracias por tantos motivos como tenía para ello. Quiero continuar haciéndolo, porque siguen sin faltarme motivos:

-      La cercanía y el cariño recibido
-      Las llamadas y mensajes de ánimo
-      Las visitas, siempre alentadoras
-      Los ratos de compañía
-      Las lágrimas derramadas juntos
-      Los remedios medicinales
-      Los bizcochos y bombones recibidos
-      Las aceitunas
-      Las felicitaciones de cumpleaños
-      La ayuda en soluciones prácticas
-      La escucha
-      Los comentarios en el blog
-      Los abrazos
-      La fuerza que empiezo a reconocer en mí
-      La disponibilidad y la paciencia en mi alrededor
-      El silencio acompañado
-      Los ofrecimientos de ayuda
-      La insignia de oro de la Universidad
-      El respeto de mis alumnos
-      Los escritos y las flores
-      Y un sinfín de detalles cotidianos.

Cada uno aportando lo mejor que sabe hacer en estos momentos. Así lo recibo.
La vida quita.
La vida da.


                                                                           M.E.Valbuena