"La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino más bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones".
Alejandro Rocamora Bonilla
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lunes, 5 de mayo de 2014

AL ENCUENTRO CON MINA, UN NUEVO LIBRO DE VALENTÍN


Este blog quiere  compartir, amigo internauta, contigo la publicación del tercer libro por nuestro redactor Valentín Turrado: "Al encuentro de Mina". Mina es un petirojo muy familiar, cuya historia cuenta en el prólogo. Se publica en la Editorial Monte Carmelo, de Burgos.

En la contraportada el autor deja escrito. “Este libro que tienes ante tus ojos, amigo lector, amiga lectora –señala el autor–, es Mina revoleando; son los rostros de los seres humanos que hacen amigable nuestro mundo y nos devuelven la confianza, la ilusión y las ganas de vivir. Son tus sueños y los míos, a veces calzados en una vieja bota de labranza, esperando un clavo que nos sirva de trampolín para lanzarnos a lo nuevo, a la utopía, al corazón y a la belleza de todos los despertares. Porque cualquier rama es buena para levantar el vuelo".

El prólogo está escrito por Pedro Navajas y en él se afirma:

"Enamorado de la vida, observador atento de historias con rostro humano, corazón sabio que busca los encuentros, escuchador paciente de respuestas que los mismos protagonistas desconocen, maestro en el arte de describir con cuatro pinceladas esa trama secreta que recorre por dentro a todo ser humano, evocador de ese mundo de recuerdos que cada quien lleva guardados en la alacena del alma. Valentín Turrado Moreno es un pintor de intimidades. Como un místico de la vida, como un poeta, en cada historia que cuenta se dice a sí mismo y logra que el lector o la lectora se lean a sí mismos, se miren en el espejo del alma para ver lo que llevan dibujado en las entrañas o en las tripas, como a él le gusta decir, porque no engañan.

Los veinticinco relatos, –¡cómo suenan a verdad! –, trasmiten mucha ternura y no dejan, a quien los lee, indiferente. Son una fiesta de imágenes, una parábola llena de colores. Valentín, con profundo respeto, se acerca a historias de la calle, de carne y hueso, con nombres y apellidos, que saca del anonimato y levanta, dándoles valor y dignidad. Unas veces queda asombrado ante lo que ven sus ojos y bucea en el pasado buscando porqués que expliquen lo que encuentra, otras veces se le asoma el dolor ante vidas que no son vida, que son solo apariencia y caretas de un carnaval que nunca acaba, otras veces se emociona cuando, siguiendo rastros en la arena, encuentra manantiales de agua fresca y soledades sonoras que embellecen esto que llamamos aventura de vivir".


La presentación pública del libro se hará el día 20 de mayo, a las 8 de la tarde, en la BIBLIOTECA PUBLICA DE LA CIUDAD DE LEON, SITA EN LA CALLE SANTA NOMIA.Estamos invitados todos los que pasamos por este blog, todos los amigos del Teléfono, todos los que quieran sentir cómo es el alma de un poeta o de un buscador, y todo aquel que quiera pasar por allí. Os esperamos.


jueves, 27 de marzo de 2014

YO SOY MALALA


Un libro para tener en la mesita de noche y leerlo: "Yo soy Malala".

Cuando los talibanes tomaron el control del valle de Swat en Pakistán, una niña alzó su voz. Malala Yousafzai se negó a ser silenciada y luchó por su derecho a la educación. El martes 9 de octubre de 2012, con quince años de edad, estuvo a punto de pagar el gesto con su vida. Le dispararon en la cabeza a quemarropa mientras volvía a casa de la escuela en autobús, y pocos pensaron que fuera a sobrevivir. Su delito: defender el derecho a la educación en Pakistán. Sin embargo, la milagrosa recuperación de Malala la ha llevado en un extraordinario periplo desde un remoto valle en el norte de Pakistán hasta las Naciones Unidas en Nueva York. A los dieciséis años se ha convertido en un símbolo global de la protesta pacífica, y es la nominada más joven de la historia para el Premio Nobel de la Paz. "Yo soy Malala" es el excepcional relato de una familia desterrada por el terrorismo global, de la lucha por la educación de las niñas, de un padre que, él mismo propietario de una escuela, apoyó a su hija y la alentó a escribir y a ir al colegio, y de unos padres valientes que quieren a su hija por encima de todo en una sociedad que privilegia a los hijos varones.

"Yo soy Malala" nos hace creer en el poder de la voz de una persona para cambiar el mundo. Es una voz de carne de hueso frente a la intolerancia del mundo religioso anclado en fanatismo e intolerancias.
 Ella misma lo afirma: "En ningún sitio del Corán pone que las niñas o mujeres no tengan derecho a la educación".

Compartimos con nuestros internautas algunas perlas del libro:

1. “Vivimos en el lugar más hermoso del mundo. Mi valle, el valle de Swat, es un reino celestial de montañas, cascadas y lagos de agua clara”.
2.“Cuando nací, los habitante de nuestra aldea se compadecieron de mi madre y nadie felicitó a mi padre”.
3. “Yo leia mis libros como Ana Karenina y la novelas de Jane Austen, y confiaba en las palabras de mi padre: Malala es libre como un pájaro”
4. “Yo tenía diez años cuando los talibanes llegaron a nuestro valle”. Y en el año 2008 habían destruido cuatrocientas escuelas, en contra del derecho a la educación de las niñas.
5. "Abandonar el valle fue lo más duro que había hecho en mi vida hasta entonces” manifiesta Malala recordando las palabras de su abuela: “Ningún pashtún abandona su tierra gustosamente. Se marcha por la pobreza o se marcha por amor”.

Yo soy Malala es la historia de un joven valiente, muy madura para su edad, que sigue defendiendo en todos los foros el derecho a la educación y denunciando la violencia, la pobreza y la ignorancia.

Merece la pena leer libros como éste y descubrir personas grandes como Malala.


Gracias a quién regaló a esta redacción este precioso libro de mesita de noche.


miércoles, 22 de enero de 2014

EL CAMBIO DE LA DELICADEZA




Hay en nosotros una tendencia a fijarnos en los tipos triunfadores, apuestos, arrogantes. Tipos que pisan fuerte y en muchos casos acaban arrasando. Personas que no les importan los medios y las formas para llegar arriba, para alcanzar su cúspide. La sociedad les ofrece pleitesía y los coloca en su frontispicio, como si fueron nuevos dioses del Olimpo. Esto es tan así que acabamos escribiendo la historia desde los vencedores, los imperios. Hoy desde los mercados que imponen sus leyes y reclaman sangre, sangre por supuesto a los de abajo, a los indefensos, a los que ya no pueden apretarse más el cinturón porque se ha quedado sin hebillas. Esta historia está sembrada de cadáveres, guerras, injusticias y despropósitos.

Echo de menos una nueva historia escrita desde abajo. Desde los perdedores. Los feos. Los solidarios. Una historia desde el corazón sin patria, sin banderas, sin primeros ni terceros mundos. Una civilización sin enemigos ni oponentes. Justa. Global. Humana. En la que nos salvamos todos o no se salva ni dios, como canta Víctor Manuel. Sin ejércitos. Con ideologías que no dividan. Sin dogmas. De grandes riquezas interiores. De detalles.

El libro “Delicadeza” de David F. nos invita a una nueva mirada. Mientras la joven viuda va digiriendo su duelo por la muerte inesperada en accidente de su marido y va renaciendo a si misma, se va encontrando con esos dos tipos de personas que quisieran ganar hasta su alma. El triunfador, el jefe, el adinerado, el sobresaliente, que trata de seducirla ofreciéndole mejor posición laboral. Y está el torpe, el feo y desgarbado, el vacilante que ha sido rechazado por todas las chicas con las que ha topado en su vida, que sólo cuenta con pequeños gestos, detalles, dudas, saliéndole del alma, verdaderos, auténticos. La historia es una apuesta por el corazón y sus ternuras, por los gestos sinceros y sus detalles, por lo imprevisto y arriesgado. Nada hay que nos exponga tanto como el amor.

Los grandes cambios personales, sociales, políticos, tan necesarios por otra parte, o vendrán de la delicadeza, la bondad, el espíritu, la ternura solidaria y el silencio, o  serán tormentas de estío. Pasajeros. Como esas golondrinas que están a punto de emigrar.

Valentín Turrado
martes, 7 de enero de 2014

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO


El hombre en busca de sentido es el título de uno de los diez libros de mayor influencia en América.  Este libro lo escribió el Dr. Víktor Frankl, nacido en Viena en 1905, ciudad en la que fue catedrático de neurología y psiquiatría, entre otros muchos  cargos.

Durante la II Guerra Mundial, estuvo internado durante tres años en Auschwitz, Dachau, y otros campos de concentración. El Dr. Frankl nos explica en su publicación estrella, la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. (Psicoterapia centrada en el sentido). Su interés por la psicología de los internos en el campo. Y cómo pudo él, que todo lo había perdido, junto al padecimiento de todo tipo de calamidades y brutalidades sin fin, aceptar, que a pesar de todo, la vida fuera digna de ser vivida.

La vida siempre merece la pena ser vivida. Incluso a pesar de grandes catástrofes, o de haber perdido a seres queridos. También con el padecimiento de una gran enfermedad.  Estas desgracias como solemos llamarlas, en realidad forman parte de la vida. Y aunque llenos de dolor, las veamos injustas debido a nuestra gran ignorancia sobre la vida, en realidad ocurren porque sencillamente son una ley universal de vida (nada es para siempre).  Todas estas tragedias, enfermedades, y problemas de toda índole que vivimos o padecemos, en realidad no son sino oportunidades de crecimiento interior disfrazadas, para que desarrollemos una mayor conciencia  como seres humanos, y encontremos nuestro camino de evolución interior dando sentido a nuestra vida.Si no encontramos ese sentido a nuestra vida, no solo nos sentiremos vacíos, e infelices, sino lo que es peor, al final de nuestras vidas, tendremos la responsabilidad sobre nuestra conciencia, de ver como nuestra vida se ha consumado, y no hemos sabido para qué hemos vivido. 

“No es el sufrimiento en sí mismo el que hace madurar al hombre, es el hombre el que da sentido al sufrimiento”. 

El Dr. Frankl durante su primera noche en el lager (campamento), se conjuramentó consigo mismo, para no lanzarse contra las alambradas.  Ésta era la expresión típica de la jerga del campo, para describir el método más frecuente de suicidio: tocar la valla electrificada.   
Frankl a pesar de sufrir como un prisionero más, estudiaba las reacciones psicológicas de los internados en los campos.  Observó una apatía emocional que permitía permanecer impasible ante los continuos sufrimientos diarios.  El prisionero enseguida construía, gracias a esa insensibilidad, un caparazón afectivo que actuaba como un íntimo escudo protector, para desembocar posteriormente, en una gran apatía; síntoma típico de lo anterior, actuando como un mecanismo inevitable de autodefensa.

El Dr. Frankl tenía especial dedicación, en ayudar a los que se encontraban en peores condiciones, es decir, a los enfermos que se les permitía quedarse en el barracón en vez de salir a trabajar. Le parecía más sensato intentar ayudar a sus compañeros como médico, que vegetar o perder la vida en un trabajo improductivo e inútil. 

Intuyó, cómo un hombre despojado de todo, puede saborear la felicidad, aunque solo sea un suspiro de felicidad.  Ahora estaba convencido de una cosa, algo que había aprendido demasiado bien: el amor trasciende la persona física del ser amado, y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo. Esta intensificación de la vida interior, defendía al prisionero contra el vacío, la desolación y la pobreza espiritual de su existencia actual, al tiempo que le permitía evadirse devolviéndolo a su vida pasada. 
A medida que la vida interior del prisionero se hacía más honda, apreciábamos la belleza del arte de la naturaleza quizá por primera vez, o con una emoción desconocida.  Bajo la viveza de esas vivencias estéticas, conseguían olvidarse de las terribles circunstancias de su entorno.

Con el paso del tiempo en el campo, la desnutrición, el trabajo forzado, y los maltratos, hacen desaparecer por completo las últimas capas de grasa subcutánea de nuestros cuerpos, los cuales presentaban la apariencia de esqueletos disfrazados con pellejos y andrajos; se podía observar como los cuerpos se devoraban a sí mismos.  El organismo digería sus propias proteínas y los músculos se consumían.  El cuerpo se quedaba sin defensas.


De vez en cuando, el Dr. Frankl levantaba la vista al cielo y contemplaba el diluirse de las estrellas, mientras su mente se aferraba a la imagen de su esposa, imaginándola con una asombrosa precisión.  En ese estado de embriaguez nostálgica se cruzó por su mente un pensamiento que le petrificó, “el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre”.       Percibe en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: “la salvación del hombre solo es posible en el amor y a través del amor”.

Al Dr. Frankl le invade como a todo prisionero, la idea de evadirse del campo; pero por primera vez decide mandar sobre su destino.  A pesar de tener la posibilidad de fugarse con algunos de sus compañeros, decide no hacerlo.  Al expresar su inquebrantable resolución de permanecer junto a sus enfermos, desapareció su inquietud interior, ganando una íntima paz, una paz que jamás había experimentado.

Las experiencias de la vida en un campo de exterminio, demuestran que el hombre mantiene su capacidad de elección.  El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y de indigencia física.

Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: La última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe afrontar frente al destino, para decidir su propio camino.  Es decir: cada hombre, aun bajo unas condiciones tan trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser; espiritual y mentalmente.  La libertad interior jamás se pierde.  Y es precisamente, esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.

El talante con el que un hombre acepta su ineludible destino, y todo el sufrimiento que le acompaña la forma en que carga con su cruz, le ofrece una singularidad oportunidad, incluso bajo las circunstancias más adversas, para dotar a su vida de un sentido más profundo.  Aun en esas situaciones se le permite conservar su valor, su dignidad, su generosidad.  En cambio, si se zambulle en la amarga lucha por la supervivencia, es capaz de olvidar su humana dignidad, y se comporta poco más allá a como lo haría un animal.

Cualquier situación difícil, ofrece al hombre una oportunidad para su enriquecimiento interior.  La libertad interior puede elevar al hombre muy por encima de su destino adverso.En multitud de ocasiones, como antes dijimos, son las circunstancias excepcionalmente adversas o difíciles, las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo.

Algunos prisioneros del lager, en vez de aceptar las dificultades del campo como una prueba de su entereza humana, juzgaban su situación como un error o un paréntesis del destino, como algo privado de cualquier consistencia existencial.  Para estas personas, se oscurece el sentido de la vida; y esta acaba perdiendo todo su sentido. El prisionero que perdía la fe en el futuro, en su futuro, estaba condenado.  Con la quiebra de la confianza en el futuro, faltaban asimismo, las fuerzas del asidero espiritual; el prisionero se abandonaba y decaía, se convertía en sujeto del aniquilamiento físico y mental.

Bajo las dramáticas condiciones de un campo de concentración, los reclusos deben proponerse una meta futura, un objetivo concreto que de sentido a su vida.  “El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

Lo que de verdad necesitamos, es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida.  “En realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros”  Pensemos en lo que la existencia nos reclama continua e incesantemente, y no en lo que nosotros podemos extraer de ella. Vivir significa, asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta, a las cuestiones que la existencia nos plantea cumplir, con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante particular.

La terapia de Frankl, consistía en hacer comprender a sus compañeros, que la vida sí esperaba algo de ellos.  Esta unicidad y singularidad que diferencia a cada individuo, confiere un sentido a su existencia, se fundamenta en su trabajo creador, y en su capacidad de amar.
La logoterapia de Frankl, se centra en el sentido de la existencia humana, y en la búsqueda de ese sentido por parte del hombre. La primera fuerza motivadora del hombre, es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida.  El hombre necesita algo por lo que vivir. Nada en el mundo ayuda a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como la conciencia de que la vida esconde un sentido.

Los campos de concentración nazis, dan fe de que los prisioneros más aptos para la supervivencia, resultaron ser aquellos a quienes esperaba alguna persona, o les apremiaba la responsabilidad de acabar una tarea, o cumplir una misión (hecho confirmado con posterioridad, por los psiquiatras norteamericanos en Japón y en Corea).
El vacío existencial es un fenómeno muy extendido en nuestros días.

El vacío existencial se manifiesta principalmente, en un estadio de tedio (aburrimiento).  Con frecuencia el vacío existencial se presenta bajo máscaras y disfraces.  A veces la voluntad de sentido, se compensa mediante la voluntad de poder, hasta en su expresión más tosca: la voluntad de tener dinero.  En otras ocasiones, el vacío de la voluntad de sentido se rellena con la voluntad de placer. Y eso explica que la frustración existencial, suela provocar un desenfreno libidinoso.  En este vacío existencial, germinan y florecen los procesos y mecanismos neuróticos.

El hombre no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que la vida le interroga a él.  En otras palabras, la vida pegunta por el hombre, cuestiona al hombre, y éste contesta de una única manera: respondiendo de su propia vida y con su propia vida.
El sentido de la vida ha de buscarse en el mundo, y no dentro del ser humano. Cuanto más se olvida uno de sí mismo, al entregarse a una causa, o a una persona amada, más humano se vuelve, y más perfecciona sus capacidades.

De acuerdo con la logoterapia del Dr. Frankl, podemos descubrir o realizar el sentido de la vida, según tres modelos diferentes: (1) realizando una acción, (2) acogiendo las donaciones de la existencia, (3) por el sufrimiento. Uno de los axiomas básicos de la logoterapia, mantiene que la preocupación principal del hombre, no es gozar del placer, o evitar el dolor, sino buscarle un sentido a la vida.

El vacío existencial es la neurosis colectiva más frecuente de nuestro tiempo. Se describe como una forma privada y personal de nihilismo, y el nihilismo se define por la radical afirmación de la carencia de sentido del hombre.


La vida es como un lienzo, si no lo pintamos, este no tendrá nunca ninguna obra. Con nuestra vida ocurre igual, no esperemos nada de ella, pues la vida en sí misma, no nos dará nunca nada. Nosotros somos los pintores de nuestra propia vida, y por tanto, los que tenemos que pintar en nuestro lienzo de vida.  Venimos al mundo a pintar ese lienzo.  Venimos al mundo para aportar algo a la existencia y disfrutar de ella. Venimos al mundo para amar y ayudar a nuestros semejantes, y no para que estos nos sirvan o explotarlos. Venimos al mundo para colaborar con nuestro creador, crecer interiormente y evolucionar con conciencia.

La profunda dignidad de sentirse un ser humano, está tan arraigada en la dimensión espiritual del hombre, que resulta imposible arrancarla incluso en las lacerantes condiciones de un lager.

El Dr. Víktor Frankl, ha sido sin duda, uno de los mayores ejemplos de solidaridad y humanidad que han nacido en el siglo pasado.

La vida siempre merece la pena ser vivida.

Luis Ferrer Fernández


lunes, 3 de junio de 2013

"MASDECIENCABALLOSSUELTOS", RAUL RODRÍGUEZ

Raúl Rodríguez
Raúl Rodríguez, escribe para todos los que buscan la sabiduría y la bondad


Este blog fue invitado al acto de presentación del último libro de Raúl Rodríguez, “MasdeciencaballosSueltos”, Editado por lluvia.caballo.com, escritor leonés, nacido en la localidad de Villeza. Su hermano Juan, presentador original del acto, colaborador de este blog, nos habló de que su pueblo es una mezcla de “belleza y vileza”. Suena bien la gente que tiene integrados los contrarios, los opuestos en su ser, las grandezas y las miserias.

La presentación fue en el pequeño anfiteatro situado junto al edificio de San Marcos, en la ciudad de León. El frío no invitó a una presencia excesiva. El acto resultó jugoso y entrañable.

Raúl es de esas personas que trasmiten la serenidad del que ha luchado-dudado-amado-sufrido una larga noche y no ha sido vencido. La profundidad del que mira sobre todo hacia los adentros y manifiesta un cierto desdén por las cosas externas que a los demás nos tienen enredados y entretenidos. La delgadez física y austera, rayando la anemia, del que necesita pocas cosas para vivir, para ser feliz; una especie de ermitaño de la sobriedad. La soledad sonora del que sabiendo estar solo, goza del estar acompañado. La libertad del que habiéndolo perdido todo, no aspira a ganar nada, porque la vida le ha regalado todo lo que necesita y su empeño no es otro que devolver graciablemente lo mucho recibido. La sabiduría del que ha dedicado miles de horas al silencio y a alumbrar los saberes negados y ocultos a la mayor parte de los humanos. En sus canas, en sus arrugas y en sus manos parecen escritos los rostros de una cierta terquedad, una manifiesta osadía y una certeza no disimulada de haber tropezado más de un puñado de veces en la misma piedra.

Déjanos a nuestros internautas con el eco de algunas de sus palabras en el acto de presentación:

Tres hermanos: Juan, Raúl, Elena
“Si tú quieres la vida puede ser un milagro, este es el mensaje de este libro que pongo entre tus manos. Si tu amas, todo, todo lo que hagas es ya un milagro.

Un día me liberé de mi mismo, fue aquel en que decidí dejarlo todo y decirle a la vida: me pongo en tus manos, dame todo lo que necesite. Ahora trato de devolverle lo mucho que me ha dado.

Somos un espíritu divino viajando, danzando en la materia. La ciencia sigue negando la transcendencia, por eso está anclada en el pasado. En nuestro planeta hay cientos, miles de Jesús de Nazaret. No hace falta que El vuelva. Para continuar su labor de humanidad estamos nosotros.

El misticismo es la parte más auténtica de todas las religiones: es vivir la religión desde el corazón. Las otras cosas no me interesan. Las religiones tienen las manos manchadas, se han puesto al servicio de los intereses de los grandes. Estamos convocados a una única religión, más allá de que seamos creyentes, ateos o agnósticos, porque Dios – o el nombre que cada uno quiera darle- está en el corazón de todas las cosas. Lo digamos o no.

Hay dimensiones que desconocemos, pero todas las galaxias, todos los planetas están llenos de vida, de una vida que no conocemos. Por eso la muerte no existe. Existen otros planos más grandiosos, más hermosos. He tenido varios sueños con mi madre fallecida. En uno de ellos. me decía: “tú no puedes imaginar cómo es esto de hermoso, de bello”.

Estamos urgidos a construir un mundo entre todos…”

Raúl y su padre
Sean estas unas pinceladas de lo mucho y bueno que hay en este libro y en la persona de Raúl Rodríguez, un místico ateo de nuestros días. Ha sido una alegría haber estado presente en esta presentación.

La redacción del blog
martes, 26 de marzo de 2013

LA VIDA ENTERA

¿Cuándo descubrirán ambos pueblos - ISRAEL y PALESTINA- que ambos se necesitan y que ambos están llamados a convivir en paz y solidaridad?

Hay libros para tener en las librerías de casa, dan a nuestras habitaciones un aire intelectual e interesante. Hay otros para leer y releer, para animar a otros a que los lean. Dentro de estos últimos está “la vida entera”, del escritor judío David Grosman.

El trasfondo de la novela es la historia inconclusa e inacabada de los relaciones del pueblo de Israel y el pueblo de Palestina. La obra refleja el cansancio de sus ciudadanos empeñados en no entenderse y no encontrarse, viviendo bajo el temor y la tensión diarias. O es la guerra o la intifada, Netanyaju o la autoridad palestina, el muro de las lamentaciones o la explanada de las mezquitas, las piedras palestinas o los muros de Ariel Sharon, los asentamientos o los controles policiales. Cientos de pretextos para pasear las hienas del odio y del resentimiento. ¿Cuándo descubrirán ambos pueblos que ambos se necesitan y que ambos están llamados a convivir en paz y solidaridad?.

La historia que nos cuenta Grossman es dedicada y sensible. Atractiva e interior. Una especie de encrucijada para resolver los nudos pendientes de nuestras tramoyas y afrontar con madurez nuestros propios sentimientos y olvidos.

Ora, la joven profunda y valiente, se encuentra en el hospital con Abram y con Ilan. Allí permanecen aislados curándose las heridas de guerra, fruto de la guerra del Sinaí, entre Israel y Egipto. Abram se enamora de Ora. Ora se acaba casando con Ilan y tienen dos hijos: Adam y Oler. Oler ha sido concebido en un encuentro amoroso pasajero entre Abram y Ora. Ilan lo sabe todo. Abram se niega a reconocer a su hijo y le pide a sus dos amigos- Ora e Ilan- que jamás hablen de ello ni digan nada. Que lo que no nos guste es mejor negarlo, ocultarlo y así pareciera que no existe.

El temor a que Oler no vuelva del servicio militar obligatorio, al que se ha visto obligado a reengancharse y después de separarse de Ilan y de Adam, empuja a Ora inicia un camino largo de reencuentro con Abram por las tierras del Norte de Israel, para hablarle de su vida, de su historia con Ilan, de su amor por Adam y sobre todo de Oler, el hijo de ambos, bajo la idea mágica de que mientras habla uno de la gente que quiere ésta está siempre a salvo.

Poco a poco le va desgranando su corazón y los dos – Abram y Ora- se van encontrando, enlazando, enamorándose a través de la vida de Oler, su hijo en común. Los dos temen su muerte su segura y no estando presentes en su domicilio nadie del ejército será capaz de darles la mala y esperada noticia: la muerte de Oler.

A veces nuestros temores no se cumplen.

Por más que neguemos la realidad – a Oler, hijo de ambos - , ésta es tozuda y una y otra vez vuelve a regurgitar. La historia que nos cuenta Grossman repite la vida del alguacil de aquel pueblo leonés que ante su propio cáncer terminal se negaba a hablar de él y rogaba a los suyos que trataran de ocultarlo; cuando se estaba muriendo logró confesar: “ni yo logré engañaros a vosotros, ni vosotros lograsteis engañarme a mi, porque todos sabíamos lo que estaba ocurriendo: me estaba muriendo”.

Toda la historia por parte de Abram responde al mecanismo de la negación: negar al hijo concebido: “Había preferido simplemente no pensar en lo que veía, cerrar los ojos, no comentar nada en voz alta, con la esperanza de que así todo volvería a su curso”.

Y volvemos al comienzo de nuestra reflexión, al endemoniado conflicto israelí palestino y las reflexiones de un niño pequeño asustado, Oler, ante un enfrentamiento sin final: “Yo no quiero ser judío, porque así todos nos matan o nos odian;... yo quiero ser inglés”. Era tal el temor que Oler sentía ante los enemigos de Israel que dormía de chiquito con una llave inglesa debajo de la almohada: “todas las noches hacía en su cama un fortín amurallado con libros, juguetes y peluches”. Otro miembro de la familia hace esta reflexión: “Habría que analizar cuál es nuestra parte de culpa en porqué todos se alzan contra nosotros”. “Hay soldados israelíes que creen que los árabes andan por ahí con un blanco en forma de triángulo en la cara, como en los entrenamientos”.

“Si ellos dos – Sam, su chofer palestino y ella, Ora, judía – no son capaces de volver a ser amigos, puede que sea cierto que tampoco va a haber solución al gran conflicto en el que viven inmersos Palestina e Irreal”, tensi´´on permanente que empaña las relaciones entre el mundo árabe y el occidente.

Concluimos, junto a nuestra invitación a leer esta novela, a desvelar la declaración de amor de Abram a Ora en plena juventud:

“Ahora te quiero todavía más – le escribió desde el hospital con su mano izquierda- porque en el momento en que salté comprendí que mi amor por ti es ley natural, una premisa, un axioma, o como dicen nuestros primos los árabes, min albadiyat. Sin que tenga nada que ver tu situación objetiva. Ni siquiera va a importar que me odies, que te vayas a la luna o que, Dios no lo quiera, te hagas una operación de cambio de sexo. Siempre te amaré. Porque no va a poder tener remedio, no puedo hacer nada contra eso, a no ser que me maten/cuelguen/quemen/ahoguen o cualquier otra cosa que pongan fin a este curioso episodio se ha dado en llamar la vida de Abram” .


La redacción del blog
jueves, 28 de febrero de 2013

DR. JEKYL Y MR. HYDE




Soy Jekyll y dentro llevo un Mr. Hyde

Hoy presentamos a todos nuestros internautas la novela “ El doctor Jekyll y el señor Hyde”, escrita por Robert Louis Stevenson y publicada por primera vez en inglés en 1886, en la que un afamado abogado, Gabriel John Utterson, investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el Dr. Henry Jekyll, y el extraño Mr. Hyde.

Stevenson nació en Edimburgo, Escocia, el 4 de noviembre de 1850. Desde pequeño demostró tener dos rasgos que lo acompañarían a lo largo de su vida: su afición por la literatura y su precaria salud. Cursó estudios de Ingeniería y Derecho; y, aunque llegó a recibirse de abogado, nunca ejerció esa profesión.

A pesar de sus problemas de salud, que lo obligaron a permanecer internado en varias ocasiones, realizó muchos viajes por Europa, América y varias islas del océano Pacífico. Conoció en Francia a Fanny Osbourne, con quien se casó en California, en 1880. En 1887, a los 37 años, se embarcó en un viaje por los mares del sur, que lo llevaron, con toda su familia hasta su destino final, Vailima, en Samoa, donde murió el 4 de diciembre de 1894.

Esta novela se ha convertido en una pieza central del concepto de la cultura occidental del conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal. También ha sido considerada como "una de las mejores descripciones del período victoriano por su perforante descripción de la dicotomía fundamental del siglo XIX: Respetabilidad externa y lujuria interna." Y su tendencia a la hipocresía social.

Dentro de cada persona, de cada ser humano hay alguien, hay un Profesor Jekyll “dotado de excelentes cualidades, inclinado por naturaleza al trabajo, deseoso de ganarse el respeto de los sabios y de los buenos, honorable y de distinguido futuro” y hay un Mr. Hyde “perverso, deforme, decadente, malvado, maldito, agónico, ambicioso, iracundo, inclinado a lo peor, criminal”.

Lo curioso de la novela es que Jekyll y Hyde están dentro de la misma persona, forman un todo. Lo curioso de la propuesta de Stevenson es que dentro de cada ser humano hay un Jekyll y un Hyde.

¿Qué hacer entonces?.

Reconocer el Hyde que tú y yo tenemos, aceptarlo, acogerlo, encajarlo, desvelarlo, encauzarlo. Y acrecentar y potenciar el Jekyll en el que vivimos, su lado bueno, positivo, agradable, encantador. Somos luz y somos sombra. De nada vale negar ninguna de las partes.


Dejamos para la reflexión de nuestros blogueros algunas frases del libro:

“Fue, pues, la exageración de mis aspiraciones y no la magnitud de mis faltas lo que me hizo como era y separó en mi interior, más de lo que es común en la mayoría, las dos provincias del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre

“Pero a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras eran igualmente sinceras”

“Fue en el terreno de lo moral y en mi propia persona donde aprendí a reconocer la verdadera y primitiva dualidad del hombre. Vi que las dos naturalezas que contenía mi conciencia podía decirse que eran a la vez mías porque yo era radicalmente las dos.”

“El lado malo de mi naturaleza, al que yo había otorgado el poder de aniquilar temporalmente al otro, era menos desarrollado que el lado bueno, al que acababa de desplazar”

“Esa criatura infernal – Mr. Hyde- no tenía nada de humano”

Amigo/a internauta, ¿has experimentado tú esta dualidad de la que nos habla la novela de Stevenson?. Déjanos tu comentario en nuestra pizarra pública
martes, 8 de enero de 2013

ME DOY PERMISO PARA


Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...
No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer.
Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.
Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.
No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso.
Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.
Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.

Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas
Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron. El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada.
Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.
Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer. Voy a explorar sin angustia.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable. Es decir: inhumano.
Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.
No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.
Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.
Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores, Y el resto vendrá solo. No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras. Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.
Prefiero las relaciones menos densas.
Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.
No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.
Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.
Elijo lo que me da salud y vitalidad.
Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.
No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.
Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.

Joaquín Argente
martes, 11 de diciembre de 2012

INTERVENCION EN CRISIS EN LAS CONDUCTAS SUICIDAS, ROCAMORA

Alejandro Rocamora, Psiquiatra, acude a este blog cada quince días. Dos veces al mes, normalmente en lunes,  tenemos la oportunidad de leer sus atinadas reflexiones, fruto de una extensa formación y una dilatada práctica. Mucha de ella en el Teléfono de la Esperanza, con quien está desde su fundación. Hoy nos hacemos eco del último libro que acaba de publicar. Lo puedes encontrar en cualquier librería.


El texto de la contraportada dice así:

La OMS afirma que “el suicidio no es en sí una enfermedad, ni necesariamente la manifestación de una enfermedad, pero los trastornos mentales son un factor muy importante asociado con el suicidio”. Así mismo estima que el riesgo de suicidio en personas con trastorno del humor (principalmente depresión) es del 6 al 15%; con alcoholismo, del 7 al 15%; y con esquizofrenia del 4 al 10%; y que alrededor del 80%-90% de los suicidios lo realizan personas que padecían un trastorno psiquiátrico. Es por ello que en este libro dividimos los comportamientos suicidas en dos grandes bloques: aquellos en los que no se ha comprobado la existencia de una psicopatología anterior (suicidio y salud mental) y los que tienen como base un trastorno mental (suicidio y psiquiatría).
El texto que tienes entre tu manos, querido lector, está impregnado de tres ideas fundamentales: intervención en crisis, conductas suicidas y estrategias terapéuticas, atravesado por otros tres conceptos básicos: la vulnerabilidad del consultante, la importancia de que el terapeuta tenga muy en cuenta en su intervención los factores protectores (no solamente los de riesgo) y la importancia de una intervención inmediata como forma de superar la crisis (aquí toman gran relevancia los Teléfonos de Urgencia dedicados a la atención de esta problemática).
Todo el libro está impregnado de un deseo: ayudar a encontrar una salida sana a la persona que en alguna encrucijada de su vida ha contemplado el suicidio como la única solución. Y por esto nuestra preocupación por intentar comprender la compleja vivencia suicida y aportar las herramientas necesarias para que el terapeuta pueda realizar esa tarea.

Alejandro Rocamora (La Pueblanueva, Toledo, 1944) es psiquiatra, Profesor del Centro de Humanización de la Salud (CEHS) y ex-Profesor de Psicopatología en la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Miembro Fundacional del Teléfono de la Esperanza y Vicepresidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS) en España.


viernes, 30 de noviembre de 2012

LAS ARDILLAS DE CENTRAL PARK ESTÁN TRISTES



Hoy damos a conocer a nuestros seguidores, las perlas del libro “Las ardillas de Central Park están tristes los lunes”, de la novelista francesa Catherine Pancol, Editorial Esfera de los libros.


1.- Cuando uno se quiere se respeta y se sabe defender. No se deja pisotear. Cuando uno no se quiere deja que cualquiera entre en su vida y la pisotee.

2.- Si yo no soy capaz de estar orgullosa de mi, ¿quién lo estará?. Nadie. Si yo no tengo confianza en mi misma, ¿quién la tendrá?

3.- Yendo de frente vas más rápido. Te conviertes en un hombre o una mujer de verdad.

4.- Querer olvidar a alguien es pensar en él todo el rato.

5.- El miedo es el peor enemigo, corta las alas.

6.- La fe en la vida es creer que existe y que hay un lugar para ti detrás de la muerte.

7.- Eres el único responsable de tu vida. No debes echar la culpa a nadie de tus errores. Somos los artífices de nuestra felicidad y también nuestro principal obstáculo. Escucha la voz que hay dentro de ti antes de elegir tu camino.

8.- La vida es bella, el mundo no.

9.- La felicidad hay que inventarla, hay que hacerla a la manera de uno. No existe un modelo único.

10.-La gente se burla de palabras como rectitud, honestidad, rigor, sentido moral, decencia.

11.- Hay que ponerse en el lugar del otro si se le quiere comprender.

12.- En algún momento hay que agarrar la vida entre las manos y decidir.

13.- Uno es viejo cuando está triste y pone tristes a los demás.

14.- La gente suele pensar que perdonar es una debilidad, yo pienso lo contrario. Cuando perdonas a tus padres, te fortaleces.

15.- El azar no existe. Es Dios paseándose de incógnito.

16.- El mundo es peligroso. No tanto por culpa de los que hacen el mal, sino por culpa de los que miran y dejan hacer.

17.- Si no crees en ti misma, ¿cómo quieres que los demás crean en ti?.

18.- Busco la paz. La paz de saberme que vivo de acuerdo conmigo mismo, que sirvo para algo, la paz de hacer feliz a una o dos personas.

19.-La cólera destruye. Ataca a la persona contra la que va dirigida, pero ataca también a quien la lleva dentro.

20.- Si no tenemos sueños, no somos más que pobres humanos sin fuerzas, piernas que corren sin saber adónde van, una boca que traga aire, ojos vacíos. El sueño es lo que nos acerca a Dios, a las estrellas, lo que nos hace más grandes, más hermosos, únicos en el mundo.

Amigo internauta, ¿cuál te ha gustado más? Deja tu parecer en comentarios.
 

lunes, 27 de agosto de 2012

SENSIBLE, COMPROMISO




Durante cuatro martes hemos estado con Raúl Rodríguez. Y más concretamente con su libro La Flor que florece. De ahí, hemos ido compartiendo alguna de sus reflexiones. Esas u otras que nos transmitió en el mes de Junio en la misma sede del TE de León. Le agradecemos su tiempo, su experiencia y sus conocimientos. Nos alegramos de haberle conocido. Y le pedimos que siga escribiendo para todos. Gracias Raúl 



SENSIBLE

“La mayoría de nosotros tenemos miedo de ser sensibles, pensamos que serlo significa ser lastimados y por eso nos hemos endurecido para protegernos del dolor”.






COMPROMISO

“La flores me han querido decir algo. Mi compromiso es compartirlo ahora con vosotros. La belleza es verdad y la verdad es belleza. Siento que el compromiso estético va unido al compromiso ético; porque la vida adquiere todo su brillo cuando la comprendemos, siempre y en todo lugar, con una extraordinaria generosidad. La medida del amor es amar sin medida”.

Amigo internauta, ¿qué son para ti la sensibilidad y el compromiso?  
Jesús Aguado
 

lunes, 20 de agosto de 2012

LA LUZ ES NADA



Descubrimos a Raúl Rodríguez cuando, en el mes de junio, acudió a la sede del TE de León a hablarnos de cómo entiende la vida. Es una persona reflexiva. Y lo demuestra en sus libros. En uno de ellos, La flor que florece, nos hemos detenido para extaer su sabiduría. Hoy la compartimos con nuestros internautas.




LA LUZ ES NADA

“El fotógrafo es el que escribe con la luz, y no solamente con la luz del sol, sino con la luz que nace del corazón. Intento tocar la luz, pero la luz es nada. Es la nada. No hay senderos ni atajos para llegar. La verdad es una tierra sin caminos”.




TODO CAMBIA

“Cuando me humanizo, descubro que el sentido de la vida no viene de fuera, sino de mi interior. Siempre empeñados en cambiar a los demás, cuando lo que hemos de hacer es transformarnos a nosotros mismos. Si nosotros cambiamos, todo cambia”.


¿Qué te dice estas reflexiones? Las puedes dejar anotadas en comentarios

Jesús Aguado