"La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino más bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones".
Alejandro Rocamora Bonilla
jueves, 21 de febrero de 2013

¿QUÉ ESTOY HACIENDO CON MI VIDA?



Escrito a pie de obra, desde los grupos de autoayuda: ¿Qué estoy haciendo con mi vida?

Hay una persona a la que quiero mucho, que hace tiempo me dijo que yo no tenía problemas y por eso tenía una alta autoestima. Quizá tenga razón. Actualmente tengo un trabajo que no me quita mucho tiempo ni me da preocupaciones excesivas. Cuento con mucha gente que a la que quiero, me quieren y los tengo cerca. Vivo en un buen piso, en un barrio que me ofrece buenas oportunidades de ocio, y además no tengo que cambiar de hogar ni de ciudad desde hace mas de dos años. Esto no ha sido así siempre.

De pequeño me educaron mis padres, el colegio y la sociedad, en el seno de una familia acomodada de 4 hermanos, en un colegio que se puede clasificar de los mejores de León, al menos desde el punto de vista de las personas acomodadas, y en una sociedad perteneciente al primer mundo. El punto de partida ha sido bueno, no me puedo quejar, pero el camino por el que he transitado hasta llegar a lo que soy no fue ni fácil ni llano.

Nací con un defecto en la pierna, pues al dar a luz mi madre salí con los pies por delante y al dar un tirón el médico me interrumpió el crecimiento en una pierna, con lo cual llevé aparatos ortopédicos hasta los 8 años, lo que no me permitía hacer con soltura las actividades de esa edad.

Años después comencé a correr, y no he dejado de correr, cuando el tiempo me lo ha permitido. Nunca he ganado ninguna carrera, nunca he competido, pero siento una gran satisfacción cada vez que salgo a correr, entre otras cosas porque compito contra mí mismo.

En el colegio no destacaba en nada, ni en el deporte, ni en los estudios. Era bastante nervioso y uno más del montón, pero desarrollé con el tiempo un extraño afán de superación, y una inquietud por hacer de este mundo algo mejor a través de mis actos.

A los 16 años, los amigos del barrio comenzaron a consumir drogas. Primero alcohol, luego porros, después anfetas, hasta llegar a la heroína. Yo me quede tímidamente en los porros, y cambié de amigos, no sin antes ver en lo que se quedaba aquello: un montón de desastres de salud y problemas que iban desde la hepatitis a la delincuencia.

A veces creo que no sé cómo me libré, pero unos padres a los que hice un poco de caso y una búsqueda de pasarlo bien por otros medios, y con otra gente, me hizo remontar a un nuevo mundo lleno de posibilidades. Conocí en el instituto a los amigos que después de más de 20 años forman aún una parte muy importante de mi vida y que me han querido, sobre todo, que me han apoyado siempre, que fueron fundamentales para encauzar mi nueva situación . Uno de ellos en una ocasión me dijo con fuerza y decisión que yo no era un perdedor. Desde entonces, nunca más me compadecí por lo que había vivido y decidí totalmente dejar mi experiencia con aquellos amigos anteriores atrás, y me concentré en ser voluntario en el mundo de la prevención de drogas, hasta terminar la carrera.

Mis padres quisieron a toda costa que hiciera una carrera, en concreto, la misma que había hecho mi padre. A mí no me llamaba en especial la atención, pero suspendí la Selectividad y decidí guiarme por su consejo. Años más tarde, esta lucha se convirtió en una lucha constante. Me costó muchísimo esfuerzo personal sacarla, y luego durante mi vida laboral sufrí mucho a causa de unos objetivos que no me sadisfacían, de unas responsabilidades que me afectaban más personalmente que los que conlleva un trabajo, y desarrollaron en mi una personalidad desarraigada, independiente, sin ideales, mercenaria y hasta vagabunda. Lo único que buscaba era sobrevivir, pero no ser feliz. Con unos horarios eternos, unas misiones difíciles (estuve en varias empresas que había que sacar de números rojos), y un trato cuanto menos asocial, sobreviví. Incluso gané bastante dinero.

Pero un día surgió la pregunta: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Cuando surgió la mínima oportunidad de emprender el camino a casa no lo dude, y así volví a León, al lugar que a veces dejó de ser mi hogar, regresé junto a mi familia y mis amigos, pasando de ser "Juan sin Tierra", a reencontrarme con todo, con mi vida.

No ha sido fácil adaptarme. Venzo cada día los miedos y los problemas de pensar si llevo la dirección indicada. La consecuencia de tantos años de soledad implica reacomodarse a tanto tiempo, a tanta gente y a tantos nuevos pensamientos... Pero creo, por encima de todo, estar haciendo lo correcto, y volver a darme esa oportunidad que me había negado durante tantos años, de merecer lo mejor y de atreverme a venir a buscarlo.

He vuelto a un punto de partida con la ilusión de que no importa lo que ocurra: importa lo que puedes hacer con lo que ocurra.

                                                José M., desde los grupos de autoayuda
 

miércoles, 20 de febrero de 2013

LA DISOCIACIÓN




LOS MECANISMOS DE DEFENSA: La disociación


Los mecanismos de defensa son las estrategias psicológicas inconscientes e involuntarias que los seres humanos utilizamos como respuesta a un acontecimiento interno o externo intenso, estresante, que produce angustia. La persona se siente amenazada y reacciona para tratar de mantener el equilibrio. Con ello se trata de minimizar las consecuencias dolorosas de ese hecho. El propósito de los mecanismos de defensa del yo es proteger a la persona de la ansiedad o de sanciones sociales y/o para proporcionar un refugio frente a una situación a la que uno no puede hacer frente por el momento.

En general todos los mecanismos de defensa, que utilizamos desde la infancia, nos hablan de problemas ocultos, problemas sin resolver que merecen nuestra atención y consideración.

Los mecanismos de defensa alivian la ansiedad pero lo hacen negando o distorsionando la realidad. No la afrontan cara a cara. Le dan la espalda.

¿Cómo reacciono ante un acontecimiento estresante que me provoca angustia?.


10.- La disociación.

A través de esta defensa se consigue que los aspectos de la personalidad que resultan insoportables, se rechacen y se coloquen en compartimentos estancos del psiquismo, favoreciendo la división interna. Vivir disociados es lo mismo que vivir divididos, fragmentados, escindidos. Es lo contrario de vivir integrado, unificado.

El caso típico de disociación nos lo presenta la novela de Stevenson, que recoge la historia entre el doctor Jekill, un médico entusiasmado con la investigación y mister Hyde, un psicópata asesino. En la doble personalidad los compartimentos están tan escindidos y separados que la personalidad primaria del doctor Jekill desconoce por completo la existencia y las actividades de la personalidad secundaria, mister Hyde. Hay verdadera amnesia entre las personalidades disociadas.

A través de este mecanismo las personas viven con profundas incongruencias, con profundas contradicciones.

La disociación es una respuesta defensiva evasiva – una huida psicológica- que suele tener de fondo ciertos traumas o situaciones de estrés (orgánicos o psicológicos, o ambos), que al individuo le resultan intolerables. Es un mecanismo psicótico que se encuentra también en la neurosis histérica (tipo disociativo) o en personalidades “borderline” (casos límite entre neurosis y psicosis)

Ejemplos:

- Amnesia respecto a un abuso sexual en la infancia

- La doble vida de algunas personas: una oficial, adecuada al status y otra totalmente opuesta, a través de la cual expresa todo lo que reprime o lo supone un conflicto. Estas personas pasan de una faceta a otro sin resistencia alguna, sin lucha interna y sin reflexión. Ej. El político conservador que se opone visceralmente aborto y su mujer aborta en otro país; el sacerdote defensor a ultranza de la castidad y que convive abusando de menores o visitando burdeles.

Un día el mecanismo de la doble vida dejará de funcionar y la persona tendrá que afrontar su verdadera realidad.

Lo negativo forma parte de nosotros mismos. Si uno lo niega, lo obvia, lo rechaza y lo trata como si fuera un algo monstruoso y lo mete en el desván, acabará saliendo de alguna manera. Por ello es fundamental integrar toda nuestra personalidad, con todas las caras y asumir aquel dicho clásico: “sé tú mismo, no importa lo que seas”.

Amigo bloguero, te animamos a que escribas en “comentarios” alguna experiencia tuya o conocida por ti de la disociación .

La redacción del blog

martes, 19 de febrero de 2013

¡¡PADRES MALOS!!



Gabriel, nieto de Puri y Jesús: ¡¡guapo!!

El siguiente texto fue entregado por el profesor de Ética y Ciudadanía de una escuela de Brasil, el Sr. Roberto Candelori, a todos los alumnos de su clase, para que lo entregasen a sus padres. La única condición solicitada por el profesor fue que cada alumno permaneciera al lado de sus padres hasta que ellos terminaran la lectura.

El texto fue publicado recientemente debido a lo ocurrido en Brasil, las muertes estúpidas de Tarcila Gusmao y Maria Eduarda Dourado, ambas de 16 años, en Maracaípe, Porto de Galinhas.

Después de 13 días de desaparecidas, las madres confesaron desconocer a los dueños de la casa donde sus hijas habían ido a pasear el fin de semana.

La tragedia acaparó la opinión pública y el crimen aun permanece sin respuesta.

PADRES MALOS

" Un día, cuando mis hijos estén lo suficientemente crecidos para entender la lógica que motiva a los padres y madres, yo habré de decirles:

* Los amé lo suficiente como para haberles preguntado a dónde iban, con quién iban ya a qué hora regresarían.

* Los amé lo suficiente para no haberme quedado callado y para hacerles saber, aunque no les gustara, que aquél nuevo amigo no era buena compañía.

* Los amé lo suficiente como para haber permanecido de pie dos horas, junto a ustedes, mientras limpiaban su cuarto, tarea que yo habría hecho en 15 minutos.

* Los amé lo suficiente para dejarles ver además del amor que sentía por ustedes, la decepción y también las lágrimas en mis ojos.

* Los amé lo suficiente para dejarlos asumir la responsabilidad de sus acciones, aún cuando las penalidades eran tan duras que me partían el corazón.

* Y ante todo, los amé lo suficiente para decirles NO, cuando sabía que ustedes podrían odiarme por eso (y en algunos momentos sé que me odiaron).

Si, nuestros padres eran malos. Eran los padres más malos del mundo….Los otros chicos comían golosinas en el desayuno y nosotros teníamos que comer cereales. Los otros chicos bebían gaseosas y nosotros comíamos frutas y verduras. Mamá y Papá insistían en que le dijéramos con quién íbamos a salir, aunque demoráramos una hora o menos. Ellos nos insistían para que le dijéramos siempre la verdad. Y cuando éramos adolescentes, no sé cómo, hasta conseguían leernos el pensamiento. Nuestra vida si que era pasada!!!

A los 12 años todos podían volver tarde por la noche, nosotros tuvimos que esperar como hasta 16 o 17 años para poder hacerlo, y aquellos pesados se levantaban para saber si la fiesta había estado buena (sólo para ver en qué estado nos encontrábamos al volver).

Por culpa de nuestros padres, nos perdimos inmensas experiencias en la adolescencia. Ninguno de nosotros estuvo envuelto en problemas de drogas, actos de vandalismo, violación de la propiedad, ni estuvimos presos.

TODO FUE CULPA DE ELLOS !!!! Ahora que somos adultos, honestos y educados, estamos haciendo lo mejor para ser PADRE MALOS, como fueron nuestros padres.

YO CREO QUE ESTE ES UNO DE LOS MALES DEL MUNDO DE HOY: NO HAY SUFICIENTES PADRES MALOS !!!!
lunes, 18 de febrero de 2013

¿POR QUÉ NO HACERLO CUANDO ELLO NOS LIBERA?





Son ya varios los cursos que llevo hechos aquí en el Teléfono, y en cada uno de ellos he aprendido una cosa diferente, las cuales me han servido, bien para cambiar ciertos comportamientos que no me gustaban pero aún así no tomaba o no sabía tomar medidas para cambiarlos, o bien para afrontar con otra actitud ciertos aspectos de mi vida o situaciones difíciles, a las que me enfrento con más regularidad de la que quisiera.

Una de esas cosas la he visto en este último curso de Crecimiento Personal, y la considero de suma importancia por lo trascendental que resulta en muchos casos y la repercusión que conlleva, pues para mí así ha sido, se trata de la experiencia del perdón, que no deja de ser todo un reto para muchos de nosotros.

Fue en Valladolid en una de las dinámicas de grupo que propuso María Guerrero, donde empecé a experimentar por primera vez en mi vida yo creo, el alivio, el descanso y la sensación de paz interior, que para mí supuso perdonarme primero a mí mismo ciertas cosas del pasado, y segundo perdonar a ciertas personas que debido a sus comportamientos, me habían hecho muchísimo daño tiempo atrás.

Durante mucho tiempo había pensado que sería imposible poder perdonar totalmente a una persona la cuál como dije antes, me hizo muchísimo daño, pero pensándolo bien, ¿para qué sirve llevar todo ese rencor dentro de ti, todo ese resentimiento?, solamente para una cosa, para revivir una y otra vez todos aquellos episodios los cuales yo quería olvidar, por tanto la mejor opción es perdonar.

Este curso ha resultado ser algo diferente a los que yo había hecho anteriormente, debido entre otra cosas al número de personas que lo formábamos, 13 más el coordinador, lo cual no quiere decir que haya sido una mala experiencia sino todo lo contrario, ha resultado interesante y enriquecedor por la variedad de testimonios que ha habido y la intensidad que se ha reflejado en alguno de ellos.

Por otra parte, referente a los temas de estudio del seguimiento, tengo que decir que yo fui uno de los que se quejó y protestó por no resolverse en algunas sesiones, las preguntas tal cual estaban planteadas en el cuestionario, pero es cierto que seguir el guión propuesto según viene de Murcia para la resolución de algunos temas, aunque ello implique no hacer uso de lo que se trae escrito de casa y te descoloque un poco, no deja de ser otra forma distinta de afrontar el tema a tratar, la cual resulta en ocasiones más natural, intuitiva y con la que afloran a veces los verdaderos sentimientos, es por ello que lo considero muy positivo a pesar de mis quejas iniciales.

No podría despedirme sin mencionar la incansable labor de escucha y dialogo por parte de Esther, coordinadora en este curso, la cual por su simpatía e implicación ha resultado ser como una compañera mas del grupo, y cómo olvidar a Geles, otra coordinadora que sólo estuvo una o dos sesiones con nosotros pero de la que guardo un grato recuerdo por su atención y entrega, pues la tuve de coordinadora en el grupo pequeño de Valladolid, y por supuesto muchísimas gracias a todos mis compañeros a los que he visto durante 12 semanas, por la paciencia que han demostrado en algunos casos y el apoyo recibido.

Marcos Díaz.
domingo, 17 de febrero de 2013

¿HOJA DE RECLAMACIONES U HOJA DE AGRADECIMIENTO?





Hace unos días cenando con unos amigos surgió el tema de la necesidad de protestar, y dejarlo por escrito, cuando nos sintiéramos maltratados por un dependiente, un médico o cualquier funcionario. Alguien enfatizó la necesidad de exteriorizar nuestro malestar cuando algo nos molestara, pues esto potenciaba nuestra autoestima y fortalecía nuestros derechos ante los demás. La conversación derivó en mil y un ejemplo en los que los comensales expresaban su “valentía” al haber protestado ante el retraso del autobús, la atención en la consulta médica y en muchas más situaciones. Parecía como si el que más protestara o denunciara fuera más auténtico, más poderoso o más persona. En un extremo alejado de la mesa una mujer que hasta ese momento no había abierto la boca, dijo de forma sencilla: “Por mi parte, cuando acudo a un centro comercial o a un taller o a un hospital, etc. siempre que me siento bien atendida procuro recompensar a mi interlocutor con una sonrisa y además después hago una llamada al Servicio de Atención al Cliente del centro para expresar mi agradecimiento…” Se produjo un tenso silencio como si un extraterrestre hubiera entrado en la sala.

Hoy al recordar esta anécdota considero que hemos pasado de un asumir todo lo que nos ocurre (no protestar por nada, propio de una sociedad dictatorial) a protestar por todo (en una sociedad democrática). Esto último, considero que es sano: ser capaz de protestar y denunciar cuando consideramos que nuestros derechos han sido pisoteados, pero recordando la cena con mis amigos, considero que el mundo sería mejor, si junto a la Hoja de reclamaciones existiera una Hoja de agradecimiento, por el buen trato recibido.

Es más, imaginaos como sería el mundo si en la familia, en el trabajo, en la relación con los amigos, en el contacto diario con el panadero, carnicero o el barrendero de nuestro barrio, por poner solo unos ejemplos, existiera una Hoja de agradecimiento por la buena comida que nos ha sido preparada, o por la sonrisa con la que nos vende el periódico o la carne o el pescado o por lo limpia que está la calle, por poner solo unos ejemplos. Estaríamos en un mundo más humano.

Al finalizar la cena, donde había sido tratado con gran profesionalidad y con gran amabilidad, miré a nuestro camarero y con una gran sonrisa exclamé: “Gracias, por su agradable atención”. Entonces pensé que la revolución de la Hoja de agradecimiento había comenzado.


Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

sábado, 16 de febrero de 2013

AMANECER


Amanecer. Fotografía, Jesús Aguado
A algunos de los que estamos obligados a madrugar más de lo que quisiéramos el invierno nos pesa, y mucho. Esos negros amaneceres y esas largas y oscuras tardes acortan la vista y la vitalidad.

No sé si a los demás les ocurre, pero a mí me entristece salir de noche por las mañanas, llegar al trabajo también de noche y regresar a casa, en algunos casos, igualmente de noche. Me entristece y me resta optimismo.

Por eso, desde que hace unos días empiezo a vislumbrar el horizonte rojo del amanecer por el Este, camino del trabajo, y llego a él de día, las mañanas me parecen más llevaderas y los quehaceres más livianos.

Ver amanecer es ver nacer el día, ver que poco a poco la luz se va imponiendo a la oscuridad, pasar del negro al rojo, de éste al naranja y finalmente al blanco. Y ello me aporta serenidad y esperanza.

Es como si creyera que lo peor ya está pasado. Que con la luz los fantasmas se van y no asustan. Que las cosas con luz y a las claras son más fáciles de abordar y las soluciones más rápidas en aparecer. Me tranquiliza pensar y comprobar que no hay noche, por larga y oscura que sea, en que no amanezca; que no hay mal tiempo que no acabe; que no hay problema sin solución.

Y tarareo mientras tanto la canción de Luz: “Quiero ver el rojo del amanecer. Un nuevo día brillará. Se llevará la soledad…”

La Escribana del reino
M.E.Valbuena

viernes, 15 de febrero de 2013