"La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino más bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones".
Alejandro Rocamora Bonilla
martes, 14 de enero de 2014

EL RINCÓN DEL OPTIMISTA

Nos enganchamos a casi todo, como la misma hiedra


Adictos

Qué fácil es engancharnos a las cosas, a los vicios mundanos. Cada vez hay más adictos al alcohol, a la coca-cola, a las drogas, al móvil, a los juegos, a las tragaperras, al azúcar, a las redes sociales/Internet, al café, a la televisión, a las noticias… una lista interminable de todo lo que se te ocurra que sirva para evadirte, para esconderte y huir de los problemas, para olvidarlos en vez de afrontarlos. Con esto no descubro nada nuevo, ¿verdad? Pero últimamente me he dado cuenta la tendencia que tenemos algunos a engancharnos también a lo bueno, a lo que nos produce placer y felicidad, incluido a las personas positivas que nos transmiten valores deseables. ¿Nunca te has descubierto el deseo que tienes de estar el mayor tiempo posible con aquella persona que te produce bienestar su cercanía o su conversación aunque sea por teléfono? Pues yo he descubierto que soy adicto al Teléfono de la Esperanza porque hago un taller y espero el día de la sesión semanal como agua de mayo; acaba ese taller y espero que se planifiquen los del trimestre siguiente para hacer uno nuevo que me enriquezca el espíritu aún más; abro el blog cada mañana para ver si la reflexión de ese día y sus comentarios me nutren tanto como el comer. ¿Eso es malo? Ni bueno ni malo, sólo que estaría bien darnos cuenta de que esos apegos quizá se vuelvan ‘enfermizos’ y sería conveniente ir soltándolos, relajar el imán que tira de nosotros. Todo, con las dosis adecuadas, es beneficioso para cuerpo y mente. Y si alguien quiere saber cuál es la dosis adecuada, pues mi respuesta es esta: la dosis adecuada es la que el sentido común te dicta, si bien el sentido la mayoría de las veces más que común es muy particular porque, como el dicho de moda, nos solemos pasar tres pueblos. Y aprovecho aquí para decir que yo no suelo pasarme muchos pueblos, yo suelo parar en esos pueblos, porque siempre hay un paisano o paisanaje que merecen la pena disfrutar… pero sin engancharse mucho, se entiende.
Asín sea.

Juan.
lunes, 13 de enero de 2014

LAS RELACIONES DE PAREJA



¿Por qué fracasan nuestras relaciones de pareja?

 Amar y ser amado es la pretensión de todos los seres humanos. Se arraiga en el núcleo más profundo de nuestras necesidades básicas emocionales de seguridad, cobijo, pertenencia, autoestima y autorrealización, por ello buscamos incansablemente, y muchas veces cueste lo que cueste, poder satisfacerlas. Es nuestro objetivo y nuestra meta. Es la búsqueda de ese amor la que da sentido y significado, la que nos mueve hacia ese fin último que es conectar con nuestro estado natural. Somos hijos del amor y solo la vivencia íntima de ese amor nos unifica y nos completa porque nos arraiga a nuestra esencia divina como seres humanos.

Si el amor es el estado natural del cual partimos, ¿por qué sabemos tan poco del amor?

Es frecuente escuchar, sobre todo al inicio de las relaciones de pareja, “¡te amo, te amaré siempre!”, y es que resulta fácil confundir el amor con otro tipo de sentimientos como el cariño, la atracción o el deseo.

 El verdadero amor va mucho más allá de un sentimiento, es un estado profundo desde el cual nos miramos, miramos a los demás y miramos los acontecimientos del mundo.
 El verdadero amor es una instalación de nuestro ser que vive y se nutre del mismo amor.


¿Cómo comienza nuestra historia de amor?

 El amor por uno mismo comienza a desarrollarse en la primera infancia en el seno de nuestra familia. Es allí donde recibimos las primeras lecciones a amor.

 Aprendemos a vernos a través de los ojos de nuestros padres y de las personas significativas de nuestro entorno. Es con los mensajes que recibimos y los comportamientos que vimos, cómo nos formamos un concepto de nosotros mismos en el que quedan reflejadas las características que nos transmitieron. Aprendimos del amor a través de sus comportamientos, de su forma de leer la realidad y de reaccionar a ella, aprendimos de la forma como nos reflejaban su cariño, su enfado o cualquiera de sus sentimientos.

 Cuando la mirada de nuestros padres ha sido amplia y sana, tenemos todos los ingredientes para desarrollarnos como personas sanas y abiertas a la vida; sin embargo, cuando nos miraron con ojos deformados, aprendimos a vernos con una mirada deformada y limitada de nosotros mismos, impidiéndonos alcanzar la imagen completa de quienes somos.

Las relaciones disfuncionales en nuestra familia de origen son el caldo de cultivo de los problemas que arrastramos en nuestra vida adulta, suponen un aprendizaje distorsionado de los patrones de relación que establecemos con nosotros mismos y con los demás. Si todo lo que conocimos fue un modelo ambiguo y distorsionado, asumimos que es así cómo tiene que ser y lo incorporamos, formando nuestro repertorio de comportamientos y actitudes que reproducimos fielmente después a lo largo de nuestra vida.

 Somos herederos de historias y, si las mantenemos inconscientes, repetiremos los mismos patrones que nos dañaron. Así, si una mujer tuvo una madre dependiente, pasiva y sumisa, se da cuenta de que en su vida eligió como parejas, de entre todos los hombres posibles, hombres dominantes y directivos, tal y como era su padre, de este modo constituye relaciones prácticamente idénticas a la de su familia de origen.

 Nuestras relaciones comienzan eligiendo a la persona que nos complementa y con la que podemos seguir manteniendo el rol que aprendimos en nuestra infancia.

 Cuando no tuvimos la oportunidad de satisfacer nuestras necesidades básicas, llegamos a la conclusión de que nuestras necesidades no son importantes; entonces crece en nosotros un sentimiento íntimo de vergüenza e indignidad que nos impide sentirnos dignos de ser queridos por ser quienes somos, por lo que terminamos creyendo que necesitamos depender de los demás. Se evaporó nuestro sentimiento original de valoración, lo que conlleva la sensación íntima de no valer lo suficiente. Formamos creencias limitadoras de nosotros y nos escondemos tras máscaras de mil colores para mostrar una imagen que consideramos aceptable de nosotros y así conseguir la valoración y el afecto que necesitamos.

 Estas creencias, avaladas con nuestras experiencias, suponen un obstáculo en el camino de nuestro potencial como ser humano. Nos impiden conocernos, crecer y madurar, de tal forma que terminamos convirtiéndonos en personas miedosas, inseguras, con sentimientos negativos hacia nosotros, faltando al respeto a quienes realmente somos.

 Terminamos volviéndonos dependientes del afecto de los demás, lo cual constituye el origen de la mayoría de nuestros problemas y de nuestro sufrimiento emocional y desarrollamos mecanismos defensivos que nos permiten combatir nuestro dolor y nuestro miedo.

 Algunos de los mecanismos que suponen la ceguera respecto a nuestras necesidades son: la necesidad de control, el exceso de responsabilidad, la racionalización, la hipersocialización o el retraimiento. La consecuencia es que ignoramos que somos dignos de ser queridos, que tenemos derecho a ser bien tratados y a ser plenamente felices.

 Desde esta ignorancia distorsionamos la realidad fantaseándola:

 Lo obvio se refiere a la realidad tal cual es. “Él dice que no me quiere y por eso se va”.
 La fantasía es la ‘peli’ que nos creamos para leer la realidad que no aceptamos: “No puede no quererme, es imposible después de tanto tiempo. Además se porta bien conmigo y no tiene otra persona. Seguro que me quiere aunque está confundido y no lo sabe”.

  Sin duda lo obvio es duro de aceptar y tiene un gran impacto emocional de dolor y tristeza, sentimientos sanos ante una situación dolorosa. Ahora bien, desde la fantasía, nos montamos nuestra ‘peli’, racionalizando la realidad, para enfriar el dolor y agarrarnos a una esperanza enfermiza.

 Nos autoengañamos entonces repitiéndonos que nos pasa esto porque somos personas que amamos demasiado y que nos entregamos por completo. Sin embargo, en realidad, tenemos unas carencias afectivas enormes y, por tanto, nuestra demanda de cariño es insaciable. Desde la carencia emocional, se pueden dar dos situaciones:

         Que aceptemos ‘cualquier migaja de cariño’ a costa de tragar con situaciones intolerables de abuso, es decir, infravalorándonos, poniéndonos de alfombras y aceptando que nos pisen.
         O bien, que nos pongamos en una posición de superioridad respecto al otro, sobrevalorándonos y destacando a costa de machacar al otro.

 Tan ocupados que estamos demandando el cariño que nos hace falta para compensar las carencias afectivas que arrastramos desde la infancia que olvidamos lo más importante, porque es lo único que depende de uno mismo, que es desarrollar la capacidad de amar. Y esto significa amar al otro, pero también a uno mismo porque nadie puede dar lo que no tiene. Si uno no se ama a sí mismo, es imposible que pueda amar de verdad a otra persona.

 MARÍA GUERRERO ESCUSA
Psicóloga, profesora de la Universidad de Murcia y colaboradora de A VIVIR, la revista del Teléfono de la Esperanza. Tomado del blog del T.E. de Valencia.


domingo, 12 de enero de 2014

GRUPO DE LA ALEGRÍA DE VIVIR


Terminamos el grupo de "LA ALEGRÍA DE VIVIR" y lo hicimos con cierta nostalgia.

Formamos un grupo maravilloso y muy enriquecedor. Hemos compartido momentos dulces, alegres y divertidos y experiencias dolorosas que vamos a recordar y a tener presente en nuestros corazones ya que han sido grandes lecciones.

Todos hemos aprendido mucho de todos con una gran implicación y sintonía, con una gran  transparencia y confianza, con una gran ilusión por poder mejorar nuestra vida y ser más felices.

 Si me permitís, quisiera destacar solo algunas pinceladas de este maravilloso viaje, cuya primera estación es la  VIDA y nuestra meta la  FELICIDAD, LA ALEGRÍA DE VIVIR.

 * De que te vale tener todo: salud, trabajo, dinero.... si tu vida no tiene sentido, si no valoras lo mas importante como es el despertarte cada día, el que estás vivo, el que el día de hoy es un nuevo regalo que tengo que disfrutar. SÉ FELIZ HOY, VIVE EL DÍA DE HOY. "Lo que me hace feliz no es cuánto poseo, sino cuánto saboreo. Saborea la vida con alegría". "Vivir es más que haber nacido".


* La posible felicidad de la persona en este mundo depende de tu esperanza, de tu compromiso, de tu responsabilidad, de tu amor, de pensar y saber lo que te hace bien y lo que te perjudica, lo que vale la pena, lo que puede dar sentido e ilusión. Si quieres ser feliz, si quieres vivir con alegría tienes que encontrar un sentido a tu vida, darle una motivación. Tú puedes hacerlo. No te rindas. Confía en ti.

 * Mi estabilidad, mi paz, mi alegría, mi felicidad, mi autoestima, dependen de mí, de lo que yo haga, de lo que yo piense, de lo que yo diga, de cómo yo me comporte.

* Tú y yo somos personas maravillosas, encantadoras, únicas y como tal nos merecemos ser felices. Dejémonos de tantas ideas irracionales, de complicarnos tanto y vivamos la vida.

Quiero acabar dando las gracias a Mercedes y a Piedad. Ellas nos han acompañado y dirigido en este curso. Hemos tenido la suerte de contar con dos auténticas maestras de la vida, de la alegría de vivir.


Gracias al Teléfono de la Esperanza que nos ha brindado la oportunidad de seguir aprendiendo, de seguir creciendo como personas.

Y como no, gracias a todos y cada uno de los que hemos formado parte de este grupo: Mª Ángeles, Mercedes, Mª Jesús, Ana Julia, Dori, Sonia, Elena.


Javier Fidalgo
sábado, 11 de enero de 2014

LA ESCRIBANA DEL REINO

Escapando. Fotografía Jesús Aguado

-      Cuando el inicio es el final

         En las primeras horas del 2014, cuando todo son felicitaciones de año nuevo y buenos propósitos, cuando los más trasnochadores regresaban a casa, la muerte vino a buscar a mi hermano. Lo hizo mientras dormía, plácidamente, sin aviso ni aspavientos, sin dolor.

         Hacen falta ilusión y fuerzas para iniciar nuevos proyectos, en este caso un nuevo año, y él no tenía ni la una ni las otras. Hacía tiempo que vivía sin ilusión, a salto de mata, sin alegría, buscando sus fuerzas en la ironía y en el humor ácido que tan bien controlaba.

         Su brillante trayectoria profesional y su buen hacer en el trabajo ha quedado patente estos días de duelo, con las muestras de cariño que tanto compañeros como alumnos le han brindado y nos han hecho llegar. Sin embargo, su vida personal se había ido convirtiendo en una espiral de aislamiento sin retorno, sin anclajes ni ataduras emocionales.

         Sus amigos más íntimos y su familiares directos conocíamos el desapego y las barreras de incomunicación que creaba a su alrededor, supongo yo que en un intento de protegerse para no sufrir las decepciones de la vida cotidiana. Me consta que somos muchos los que le queríamos, pero nunca quiso nuestra ayuda ni nuestro cariño, probablemente porque él no se quería a sí mismo.

         No puedo afirmar que haya algo después de la muerte. Quiero creer que sí, aunque sea sólo un autoconsuelo. Lo que está claro es que si no hay nada tampoco habrá sufrimiento ni dolor, de tal forma que esté donde esté tendrá la paz que le faltó mientras vivía entre nosotros.

         Como escribió Juan Ramón Jiménez (“Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando”) la vida seguirá sin él, por supuesto, pero será distinta.


                                                                          M.E.Valbuena
viernes, 10 de enero de 2014

ESTE ES UN NUEVO DÍA

Compartimos con todos nuestros internautas la hermosa canción de Facundo Cabral, "este es un nuevo día", que nos ha remitido nuestro amigo y compañero de camino, Fernando, desde su no fe, pero con mucha, mucha ESPERANZA. El dice que no cree, pero el otro día cuando estuvimos juntos reflejaba en sus ojos "una gran fe en si mismo, en sus posibilidades, aunque desde el temblor" y me decía que la recuperada fe en si mismo le está posibilitando la fe también en determinadas personas.

Que se le está ampliando la mirada.

Que está sacando fuera toda la rabia y la maldad acumulada y se percibe algo más liviano, algo más sereno.
Que todo puede comenzar de nuevo a reír, a cantar, a vivir, para buscar al ángel que nos haga sentir los sueños.

Que nada está perdido.

Nada.


Nada, Fernando.


jueves, 9 de enero de 2014

CONVERSACIONES CON MI MENTE


LA VIE EN ROSE
                        ¿Quién no recuerda esa preciosa canción? Y sobre todo, ¿quién no recuerda la desgarradora voz que la cantaba? Se trataba de Édith Piaf de la que recientemente se ha celebrado el cincuenta aniversario de su muerte a los 47 años de edad.
                        Todos los periódicos destacaron la noticia acompañada de fotografías de la cantante. Pero en lugar de ser fotos de sus primeros años, lo eran de los últimos años de su vida. Bien es cierto que sus ojos, incluso en sus mejores años, siempre mostraron la huella de la pena y el abandono, pero al final de su vida, la visión de esos ojos y de su rostro resulta completamente descorazonadora.
                        Fue una de las cantantes más famosas, más amadas y con más talento del siglo pasado. Nacida de la miseria y la tristeza supo sobreponerse y alcanzar la cima del éxito… pero se olvidó de sí misma. Lamentablemente no contó con las herramientas o las fuerzas necesarias para limpiar el poso del dolor que llevaba en el alma y acabó despeñándose por un sinsentido de autodestrucción en que brillaba de forma trémula el hambre insaciable de amor.
                        No ha sido la única que ha acabado sucumbiendo a un pasado horrendo. Muchas otras personas, antes y después de ella, han dedicado su vida al autodesprecio y la autodestrucción, ansiando encontrar por el camino a alguien que les salvara; que les tomara entre sus brazos y les llevara a un paraíso de calma, felicidad y amor.
                        Cada vez que uno de estos casos de cadáveres jóvenes, inmolados a un escurridizo Cupido, sale a la palestra, no dejo de angustiarme y de preguntarme cómo es posible que no hayan podido encontrar ese ansiado amor en su verdadero templo, en su bello santuario, del que sólo sale para ampliarse y crecer como un bosque frondoso. ¿Por qué nadie supo decirles que la fuente inagotable del amor está dentro de cada uno de nosotros, y que una vez descubierta, no hay dolor que no pueda borrarse?
                        Somos seres únicos, preciosos, perfectos y por miles de años de historia que tenga nuestra especie a sus espaldas, nunca hubo ni habrá otro ser igual a nosotros. Cierto que no siempre la vida nos trata como merecemos, pero está en nuestras manos superarlo poco a poco, con esfuerzo y tesón, buscándonos incansablemente entre los despojos de las batallas por las que nos batimos, para renacer de ellas renovados, fuertes y felices. Podemos hacerlo, aunque nos cueste tiempo, esfuerzo y rabia… Podemos si de verdad queremos ser felices y alegrar la vida de quienes nos rodean, que, no lo olvidemos nunca, bailarán al compás de nuestra música. O podemos lamentarnos eternamente por lo que pasó; podemos maldecir a quien sea, abandonándonos y derrotándonos. También los demás bailarán nuestra música… pero invariablemente será lejos de nosotros.
                        Triste, muy triste es ver la imagen deteriorada y agotada de estas personas a las que las vida les gana la partida. Pero, a pesar de la desazón que sus lentas muertes producen, también nos recuerdan una de las grandes verdades de este universo: si no te encuentras a ti mismo; si no te amas a ti mismo, todo lo demás lo tendrás perdido.

Mª José Calvo Brasa
miércoles, 8 de enero de 2014

NUESTROS PEQUEÑOS GRANDES LOGROS




Uno piensa en los constructores de las pirámides o de grandes obras como el Taj-Majal, o nuestra catedral de León, obras milenarias que perdurarán en la memoria de la humanidad… y al lado de eso todo parece efímero, simple, sin valor.

 Uno podría pensar que poco va a significar la propia vida. Poco mis sueños, mis desvelos, mis estudios, mis noches sin pegar ojo por las preocupaciones cotidianas. Poco mis decisiones, mis amores, mis renuncias… Pero no es verdad. No es poco. Es todo, es mi vida.

Cada día tiene su afán. Hoy me basta con lo de hoy. Es más me basta con lo que en este mismo instante estoy haciendo. Comer, pasear, hablar, mirar un árbol, disfrutar de un perro, saborear un café, charlar con un amigo, descansar.

Porque la vida es eso fundamentalmente: vivir cada instante. Llenamos la cabeza de grandes proyectos, imaginamos largos viajes, soñamos con situaciones inalcanzables. Y nos olvidamos de vivir lo sencillo, cada instante.

Hoy quiere cantar a esos pequeños momentos: al aroma del café al desayunar, a la lectura de las noticias de cada día, a la mirada de un hijo, al revoltoso gato…A eso tan simple y sencillo que pasa desapercibido.
También quiero cantar mis pequeños logros. Dar un beso a mi pareja, sonreír a un vecino, disfrutar porque puede pasear y leer y cantar. Porque esto me anima. 

H y MN