Con frecuencia ocurre que cuando no nos gusta la realidad que nos rodea, en vez de afrontarla y mirarla a la cara, buscamos una y mil maneras de evasión: la lectura de absorbentes novelas, la ayuda compulsiva a quien no nos la pide, películas de intriga y pasión, múltiples variedades de compras, pasear por recónditos y lejanos lugares, planificar viajes o encuentros y hasta regodearnos con las canciones tristes de Los Secretos.
Con frecuencia también, en esos casos, solemos recurrir a revivir una y otra vez momentos en que fuimos felices. Desgranamos recuerdos agradables con infinito detalle, recreamos sensaciones plácidamente vividas y nos dejamos envolver por los cálidos y gratificantes sentimientos que una vez nos hicieron flotar en un pasado feliz.
Pero cuidado con todos estos mecanismos porque no hacen sino alejarnos de lo que nos traemos entre manos y no nos atrevemos a abordar. Que ir al pasado es obviar el presente. Y planificar el futuro también.
Todo lo vivido nos configura como lo que ahora somos. Todo, absolutamente todo, lo bueno y lo malo, hace posible que estemos donde estamos, en nuestro presente. De nosotros depende vivirlo con intensidad, sabiendo acumular enseñanzas y experiencias, o pasar por él de puntillas, asumiendo que con el paso del tiempo podemos arrepentirnos de lo no vivido.
La escribana del Reino
M.E.Valbuena
