"La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino más bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones".
Alejandro Rocamora Bonilla
domingo, 10 de marzo de 2013

EL RINCON DEL PSIQUIATRA





Los cinco lenguajes del amor


Hace unos días en una reunión con profesionales de la psicología se planteo la cuestión de la importancia de la armonía entre la pareja para conseguir una familia sana. Entonces me vino a la cabeza la teoría del terapeuta de pareja Gary Chapman sobre los cinco lenguajes del amor. En definitiva este autor afirma que la armonía familiar está en función de si todos los miembros de la familia utilizan el mismo lenguaje de amor. De la misma manera que la mejor forma de entendernos en un país extraño es cuando hablamos el mismo idioma, así también en el pequeño mundo familiar es imprescindible utilizar el mimo lenguaje de amor.

Esta teoría dice así: no todas las personas expresamos nuestro amor de la misma manera. Para este autor lo podemos sinterizar en cinco formas: 1) A través de la palabra: por ejemplo: “Ese vestido te sienta muy bien”, “La comida te ha salido perfecta”, etc.; 2) La renuncia: “como a ti te gusta la playa, pues iremos a la playa”; 3) Los regalos: el detalle de una flor, una entrada para el teatro, o un fin de semana en cualquier lugar; 4) Actitud de servicio: “ir a recogerte en coche”, “ayudar en las tareas domésticas”, etc.; 5) Contacto físico: las caricias y no solamente con un connotación sexual sino al cogerse de la mano por la calle, abrazarse en un paseo, etc. Todas estas formas pueden servir para la convivencia siempre y cuando hablemos el mismo lenguaje. Lo importante pues no es el lenguaje en el que yo expreso el amor sino si la otra parte está en la misma onda.

El problema surge, pues, cuando cada miembro de la pareja o de la familia utiliza un lenguaje de amor diferente: el que prioriza la palabra no entenderá el contacto físico como cariño sino quizá como agobio; de la misma manera el que expresa su amor a través de la renuncia no comprenderá el mensaje de los regalos, por poner solamente algunos ejemplos.

Es por esto que con demasiada frecuencia aunque dos personas se quieran se pueden sentir incomprendidas y abocadas a la ruptura. Por esto, querido lector, te animo a un ejercicio de reflexión: cada miembro de la pareja o de la familia se puntúa de 0 a 10 en los diferentes lenguajes del amor. Después los resultados se confrontan con el otro y a partir de las diferencias que se observen habrá que trabajar para que todos hablen el mismo lenguaje de amor. Animo y a la búsqueda de la armonía, que será la antesala de la felicidad.


Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

sábado, 9 de marzo de 2013

LA ESCRIBANA DEL REINO



- ¡Qué gusto da! -


¡Qué gusto da...

Escuchar el trino de los pájaros según despierto cada día

Observar los colores del amanecer

Llegar de día al trabajo

Participar en interesantes conversaciones

Tener una lectura apasionante a mano

Disponer de tiempo para el silencio

Escuchar a Luis Guitarra en directo

Oír contar historias de forma que emocionan

Tener amigos para compartir momentos mágicos

Vislumbrar el sol detrás de la nubes

Disfrutar de un día de nieve y luz en agradable compañía

Recibir besos de mi gente querida cada día

Que me inviten a comer o a cenar

Ver las primeras margaritas asomando en los parques de la ciudad

Dejarse acariciar por un viento casi primaveral

Oler la tierra y la hierba después de haber llovido

Conocer cosas y gentes nuevas

Saludar a viejos y queridos conocidos

Encontrarse...!



Hay tantas cosas, tantos momentos a lo largo del día en que siento que da gusto vivir, que no tendría espacio en este folio para recogerlos todos. Y quisiera. Para que no se escapara ni uno. Para que los pudiera vivir más intensamente si cabe. Para regodearme en ellos.

También hay otros momentos duros, negros y fríos. Unos días más que otros. Pero no quiero listarlos, ni revivirlos, ni recrearlos. Los vivo cuando toca y punto.

Quiero que en mi balanza pesen más los primeros. Por eso me esfuerzo cada día en buscarlos y encontrarlos. Por eso me empeño cada noche en recordarlos y agradecerlos. Y duermo mejor.


M.E.Valbuena

jueves, 7 de marzo de 2013

EN EL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

En la Plaza de la Santa Ana (León), de Ana, encontramos este cartel que hoy día de la mujer trabajadora compartimos con todos los internautas.




Os pedimos que recordéis a una mujer que haya pasado por vuestra vida y mrezca vuestra gratitud. Escribid su nombre en comentarios y el motivo de vuestro homenaje.
 
Y para destacar la dulzura, el buen hacer, la ternura, el esfuerso, la cercanía...y tantos valores que encarnan tan bien tantas mujeres, vaya esta canción en homenaje a quienes a lo largo de la historia, muchas veces, lo han tenido difícil.
 

miércoles, 6 de marzo de 2013

CONVERSACIONES CON MI MENTE



(Hoy nuestro blog inicia una nueva sección que apodamos "Conversaciones con mi mente", a cargo de María José Calvo Brasa. Ella nos va ir desgranando su propio proceso de maduración y desvelamiento. Serán reflexiones quincenales desde la libertad, la autenticidad y el sentido del humor. Desde aquí nuestra bienvenida. Gracias)



El secreto está en el centro y sabe


Llevamos siglos inmersos en una incesante búsqueda de la felicidad con resultados, en muchos casos, decepcionantes. Nuestra sociedad occidental fomenta el disfrute del mundo exterior, sus logros y medallas, logrando así que nos alejemos de nuestro mundo interior, con la paradoja de vivir abundantes en oropeles pero vacíos de humanidad. Esta locura podría resumirse en la polilla que enloquecida vuela alrededor de una excitante bombilla encendida o con mayor belleza, en estos versos de Robert Frost:

“Nosotros danzamos en un círculo y suponemos, pero el secreto está sentado en el centro y sabe”

Hubo un tiempo en el que yo ni siquiera tenía bombilla para danzar. Estaba paralizada y encerrada en una caja diminuta y asfixiante. Hace unos catorce años inicié un proceso de despertar con el que alcancé grandes logros que me obnubilaron y me pusieron en torno a la bombilla pues pensaba que ya estaba todo hecho, que lo peor había pasado. No sabía que las heridas del pasado aún sangraban por dentro. Tuvo que llegar otro desastre para darme cuenta que aún quedaba mucho por hacer y que realmente no tenía ni idea de la existencia de ese “secreto que está en el centro y sabe”.

Con el apoyo y ayuda de personas maravillosas he vuelto a retomar mi camino de vuelta a casa, logrando encontrar, tras ímprobos esfuerzos a una completa desconocida que, tras mostrar con extrema crudeza mis sombras, ha resultado estar mucho más interesada que yo en mi felicidad. Se trata de mi propia mente, de mi yo más profundo o de la Mª José más auténtica. Ella es ese secreto que está sentado en el centro. Ella responde a mis preguntas con una realidad contundente que no siempre me resulta agradable, pero me ayuda y me cura. Sus respuestas son todos los relatos que he ido escribiendo y que quiero compartir con todos vosotros. En ellos hablo del camino en el que me encuentro ahora, y a través de ellos os animo a entrar en vuestro propio sendero.

Hay algo muy grande en nuestro interior y a pesar de toda la porquería que lo oculta, merece la pena ir en su busca. Merece la pena volver a encontrarse y volver a ser como los bebés perfectos y felices que fuimos, pues al final de la ruta nos espera pacientemente ese bendito secreto que sabe.


María José Calvo Brasa
martes, 5 de marzo de 2013

ENTREVISTA CON JUAN DANIEL RODRÍGUEZ (y III)

Tercer y último día de entrevista con Juan Daniel Rodríguez:


“Mi madre era una columna importante que sustentaba mi vida y al morir se me derrumbaron los cimientos”.

“En el Teléfono de la Esperanza me he encontrado fenomenal”

16º.- “Cuando camine hacia la muerte espero no tener conciencia de ello…”, nos confiesas. La muerte de tu madre marca un antes y un después en tu vida. Ahora estás haciendo un taller de elaboración del duelo. ¿Qué te pasa con la muerte? ¿Cómo viviste la de tu madre?

En una época de juventud la muerte era un temor como supongo que el de mucha gente. Yo me recuerdo imaginando cómo sería mi muerte, unas veces por enfermedad, otras por accidente, lenta, trágica… he imaginado hasta mi funeral. Esa es una prueba inequívoca que la quiero alejada. Pero tengo dicho que cuando muera donen mi cuerpo a la ciencia después de donar los órganos si son aún aprovechables. No tengo miedo al sufrimiento, sino más a lo que pueden sufrir las personas cercanas a mí, más desde que entraron en escena mis hijos. Desde que detectaron el cáncer a mi madre hasta que murió pasaron siete años de médicos, unos mejores que otros, lo que hubiera servido para ir preparándome para ese momento. Pero cuando llegó el día no me resignaba a creerlo. Me hice el fuerte y creo que lo pagué. Mi madre era una columna importante que sustentaba mi vida y al morir se me derrumbaron los cimientos. Con el tiempo y con los consejos sabios de personas como los de mi hermano Raúl he ido aprendiendo que mi madre sigue viva en mí, que su manantial de energía sigue entre nosotros. Yo la veo como el ángel de la guarda que cuida no sólo de mí, sino de mi padre, mis hijos, mis hermanos, mis sobrinos… Tiene capacidad para atendernos a todos. Yo a mi madre la veo en la luna, tanto cuando la veo brillar en la noche como cuando está nublado o no la veo, porque sé que sigue ahí alumbrando, acogiéndome en sus brazos. Eso me reconforta. En el taller del Teléfono de la Esperanza me reafirmo en esa idea.

17º.- “He recibido de la vida el regalo más bello, mi familia, lo demás no tiene importancia”, nos has revelado. En un sueño dices que “la familia Rodríguez es un circo” ¿Qué tiene tu familia para dejarte ese eco tan grande?

Los humanos nacemos en la camada como el resto de animales para recibir protección. Eso está claro. Pero se supone que cuando puedes volar y correr libre debes dejar atrás esa camada para formar la tuya propia. Yo ya he creado mi nido, pero me resisto a abandonar a esa familia, todo lo contrario, alimento los encuentros pues la considero muy enriquecedora. Son hogares llenos de calor que me interesan mucho. Ya he contado cosas de mi mujer, hijos, padres y hermanos, pero es que tengo unos cuñados y sobrinos que parecen que comparten ADN conmigo porque estamos muy unidos. Merecen mucho la pena. La verdad es que son un regalo. Imagino que si soñé que mi familia formaba un circo sería porque cada uno tiene su número, su función, con la misma finalidad de hacer algo más feliz la vida a los demás.

18º.- “Cuánta gente reza sin saber porqué”, murmuras en un poema. “De pequeño me obligaban a ir a misa y al rosario”, has escrito. Y en otro momento dejas caer como un plomo: “Malditos ritos cristianos...”. ¿Qué imagen de Dios te transmitieron y qué cultura religiosa? ¿Sigues rezando? ¿A quién?

Cuando te obligan a hacer una cosa, como que no. A mí a Dios me lo metieron con calzador y llegué a asquearme, más que de Dios de todo lo que la rodea a la iglesia como institución. Mi madre era una exagerada del Cristianismo. Muy buena persona, pero demasiado influida por la jerarquía eclesiástica y sus dogmas. Cuando pude escaquearme me volví anticreyente. Cuando era pequeño le pedí a Dios algo importante para mí y me lo concedió. Eso me dejó dudas sobre su existencia. Siempre tuve esa duda sobre la divinidad y así como nunca he sentido la presencia del Dios de los cristianos sí por ejemplo creo ahora en mi madre como ser superior con poderes especiales. Me parece bien que cada persona crea en un Dios o en lo que quiera, que para eso es libre, pero yo a mis hijos, de momento, les he apartado de ese fundamentalismo cristiano. Les bauticé para hacer felices a los abuelos y por juntar a la familia y hacer fiesta, pero nada de primera comunión y tinglados parecidos. Cuando sean mayores ya elegirán la vida espiritual que quieran. El Cristianismo no ha evolucionado, está estancado, por eso creo que ha perdido tantos socios por el camino como yo.

19º.- “Reflexionar para mis adentros ha sido una costumbre que no ha decrecido con el paso de mis años”. ¿Qué descubres en esos adentros?

Hay mucha gente que no soporta eso de reflexionar, meditar, de mirar para adentro. No quiere descubrir las verdades de su yo más íntimo, es decir, que prefiere seguir viviendo el día a día tapando con la máscara lo que hay en el interior. Yo desde pequeño me recuerdo dándole a la cabeza, imaginando futuros. Tengo la imagen de caminar yo sólo por una zona de mi pueblo muy llana que se llama La Pornada donde hay una pequeña encina solitaria y ponerme debajo de un almendro de La Jana. Sentarme en el medio de la llanura y pensar sobre el rumbo de mi vida. Cuando voy de caza, aunque vaya con gente, tengo tiempo para pensar en la vida. Si hago deporte también miro hacia dentro. Ahora me sorprendo podando, por ejemplo, las viñas o los frutales, y disfruto pensando en mis cosas, pero sin angustia. Además de ideas propias me gusta pedir prestadas las de otras si de verdad me interesan. De todos modos, la vida va tan acelerada que no invita a pensar. Es más, a nadie se le escapa que hay personas interesadas en que pensemos lo menos posible para podernos manipular mejor.

20º.- De pequeño cuando te preguntaban que querías ser lo tenías claro: payaso. ¿Para qué?

Eso lo he escrito en uno de mis libros. Quería ser payaso y en el fondo algo lo he logrado ser. El payaso es esa persona que hace reír a los demás, que les hace felices por un momento. Esa era mi meta en la vida. Y yo, en una cena o en una sobremesa, soy el que empiezo a contar chistes. También soy de los que me gusta hacer el brindis porque siempre hay motivos por los que brindar: porque estamos vivos; porque se repita este encuentro; porque nuestras mujeres nunca se queden viudas; por ellas, por las más bellas, por las del cuello largo, por las botellas…

21º.- Durante doce años trabajaste de periodista en La Crónica de León. ¿Qué acontecimiento y qué personaje tuviste que narrar que te dejara huella?

Fueron doce años donde aprendí mucho. Siempre que entrevisto a alguien encuentro algo interesante, alguna frase que me sirve para mí y que suelo destacar en titulares. Eso va para el almacén del subconsciente y aunque no lo recuerdes de momento, algún día puedes echar mano de ello. Hubo mucho tiempo que hice periodismo humano y ahí coincidí con un maestro en esto que es Fulgencio Fernández, el tío Ful, que sigue muy activo. Algún día cubrí sucesos duros como el accidente de helicóptero en Robledo de la Valdoncina donde viví en directo cómo ardían los cuerpos de tres guardias civiles. Muy dura esa imagen, ese momento, que no olvidaré jamás. Fue también una suerte poder bajar al Pozo Calderón en Laciana cuando la primera Marcha Negra en el 92 y compartir charla con los 8 encerrados de la MSP del Comité de Empresa entre los que estaba Guillermo Murias. Tuve que hablar muchas veces con Zapatero cuando era político aquí en León, por eso cuando dio el salto a la política nacional y llegó a presidente del Gobierno le seguí muy de cerca. Me parece que ha sido un gran estadista, una persona que intentó mejorar la vida de la gente de este país y que no le dejaron hacer todo lo que le hubiera gustado. Me parece injusta esa mala imagen que muchos le intentan echar encima. Un tío con estrella que yo digo. Y también informé de los viajes de otro leonés que consigue todo lo que se propone, Jesús Calleja, del que me jacto de ser su amigo ahora que está en el estrellato.

22º.- De periodista a orientador laboral en el ECYL durante una porrada de años. Sin embargo a pesar del paro galopante, te han despedido junto a otros muchos orientadores de Castilla y León. ¿Por qué razones sobran orientadores para la Junta de Castilla y León? ¿Qué opinión te merecen los políticos con los que has tratado?

Al año siguiente de dejar La Crónica, en 2003, quería apartarme de la profesión y me presenté a unas pruebas para técnico de oficina de empleo. Quedé entre los 100 primeros de 2.500 que nos presentamos. Fuimos los encargados de echar a andar el Ecyl y de su modernización. Me contrataron por un año pero después de 9 años haciendo el trabajo sucio deciden despedirnos no porque sobremos orientadores, sino porque como éramos temporales lo justifican para reducir presupuestos de la Junta de Castilla y León. Esos políticos que tomaron aquella decisión son tan incompetentes e ineptos, como otros muchos que aparecen cada día en la escena de los informativos, que tras demandar ante los tribunales ese despido los jueces están diciendo que éramos indefinidos, que ese contrato estaba en fraude de ley y están declarando nulos los despidos y nos están teniendo que readmitir. Yo estoy a la espera de la sentencia, pero es casi seguro que me reincorporaré al trabajo y me tendrán que pagar salarios de tramitación, con lo que lejos de ahorrarse nada les saldremos más caros a la Administración. En un país serio los mismos jueces tendrían que condenar a esos políticos a correr con los gastos con su patrimonio personal por ser los responsables del claro atropello legal/laboral. Pero aquí no pasa nada. Seis millones de parados y no pasa nada, millones de euros en bancos de Suiza y no pasa nada. España va bien. ¿Cómo se va a fiar la gente en los políticos que dicen representarnos? Aquí haría falta una verdadera catarsis a modo de revolución y no la descarto.

23º.- ¿Cómo te sientes estando parado? ¿Qué expectativas manejas?

Muchos de mis compañeros han pasado meses de depresiones al no encontrar explicación al despido, por la importante labor que estábamos desarrollando y porque además lo estábamos haciendo bien, éramos útiles a la sociedad y hacíamos de orientadores, pero también de psicólogos y asistentes sociales escuchando y atendiendo problemas de todo tipo de la gente que entra en una oficina de empleo. Yo me lo tomé bien y antes de saber que iba a ser readmitido casi con total seguridad empecé a barajar algunos trabajos de futuro con los que ganarme la vida. Sólo llegué a la conclusión de que no iba a ir dejando currículum por las empresas buscando un contrato basura con salario de vergüenza, sino que quería hacerme autónomo y trabajar en el pueblo. Estaba entre algo relacionado con la alimentación natural, el turismo o una mezcla de ambos sectores. Como diría Paco Martínez Soria, la ciudad no es para mí.

24º.- “Creo que soy una persona cariñosa”, has manifestado. ¿Cómo te has encontrado en el Teléfono de la esperanza? ¿Quién y qué te llevó ahí?


Bueno, cariñoso dije en su día y hoy lo cambiaría por simpático. Me gusta mucho el humor y las bromas, los juegos de palabras. Fonéticamente se parecen mucho amor y humor. La verdad es que me interesan las personas en general y no me cuesta nada tomar afecto a alguien si creo que es ‘positivo’ que emana sensaciones buenas. Me hago querer enseguida. Sólo cuando he estado mal he evitado encontrarme con las personas para no tener que hablar y dar explicaciones. En el Teléfono de la Esperanza me he encontrado fenomenal, me está viniendo muy bien y se lo recomiendo a quien tengo oportunidad si veo que necesita ayuda. Fue mi hermana Elena la que me animó a que hiciese el primer taller, ya estoy por el segundo y es seguro que no será el último.

25º.- Participaste activamente en un grupo de desarrollo personal de “autoestima” en el Teléfono de la esperanza. ¿Qué descubriste en el grupo y cómo te encontraste?

En el grupo hay dos elementos básicos: los integrantes del grupo y el coordinador. En cuanto al coordinador, me tocó en suerte un tal Valentín Turrado, me parece una persona muy preparada para sacar de cada alumno lo mejor de sí mismo, pues sabe perfectamente cómo iniciar a cada uno a ahondar en su problema, a expresarse, a comunicar, a aliviar la carga. Y del grupo me ocurrió que las 10-12 personas que éramos conectamos muy bien a pesar de lo distintos que éramos cada uno. Y tiene sentido porque eso de desvelar a auténticos desconocidos confesiones que no contamos ni a los de casa une mucho. Insisto en que de cada persona aprendes algo y en este caso me reafirmo, de cada integrante del grupo de Autoestima he recogido consejos. La consecuencia es que me encuentro anímicamente mucho más fuerte desde que realicé el taller.

26º.- Actualmente estás haciendo el taller de “elaboración del duelo”. ¿Qué estás desvelando? ¿Cómo te sientes?

Veo en los demás que integran el taller esas sensaciones de despiste, de desesperanza que deja la muerte de un ser querido y lloro con mis compañeros para abrir más mi corazón y limpiar impurezas. Por cierto, el resto son mujeres, prueba de que los hombres seguimos sintiendo un gran pudor a expresar sentimientos en público. Si supiera la gente lo que sana este tipo de terapias… Tenemos una coordinadora, Julia, que lee perfectamente nuestras sensaciones y nos arranca confesiones que necesitamos sacar fuera. Es increíble cómo aparecen fantasmas que llevas dentro y tú aunque podías sospechar que estaban ahí te niegas a abandonarlos. Me estoy liberando de mucha carga y de culpa. Me estoy dando cuenta que mi madre, Felisa, me ha traído hasta el Teléfono a través de mi hermana Elena. Es más lista de lo que yo incluso creía. Sobre el Teléfono tengo que decir que igual que están los Médicos sin Fronteras o los religiosos misioneros ayudando a gente humilde en países pobres, los voluntarios del T.E. hacen la misma labor para los pobres de espíritu que andamos algo perdidos por estas ciudades de países desarrollados. Mi reconocimiento y gratitud hacia todos ellos, en especial a Mercedes, la directora de León.

27.- Para finalizar algunas preguntas rápidas:

• Un libro de cabecera.

No soy de los que lea del tirón. Ahora tengo dos empezados: Asesinaron la Democracia sobre la figura del alcalde Miguel Castaño de mi amigo el periodista Carlos J. Domínguez; y Fantasmas de piedra, de Mauro Corona, sobre un pueblo que quedó bajo las aguas de un pantano.

• Una canción para poner en el coche.

Un velero llamado libertad, de José Luis Perales.

• Un deseo.

Que la muerte no me llegue sin haber hecho todo lo pendiente que tengo por hacer y que tampoco se lleve a los míos antes de tiempo. Y puedo apuntar otro, que llegue a jubilarme para poder cultivar y atender mejor la huerta del pueblo.

• Una frase para no olvidar

“Sed breves con las malas noticias”. No sé de quién es pero recuerdo que la tenía mi hermana puesta en la puerta de su habitación. Me gustó siempre.

• Me gustaría que mis hijos dijeran de mi que

Nunca nos dejó de querer ni de estar pendiente de nosotros… e incluso después de morir.

• Mi epitafio quiero que sea.

Vino a este mundo sin nada y se fue con el doble, sin nada de nada.

V.T.M.

lunes, 4 de marzo de 2013

ENTREVISTA CON JUAN DANIEL RODRÍGUEZ (II)

Segundo día de entrevista con Juan Daniel Rodríguez


“Me emociona ver salir el sol, nacer un bebé o un caballo, nacer una patata, una flor o cualquier otra planta”.

“Me saca de quicio la injusticia”.

7º.- Villeza es tu palabra más utilizada en tus escritos. ¿Qué es Villeza? ¿Sus luces y sus sombras?

Hasta los 19 años Villeza sólo era el lugar en el que el destino había querido que naciera, donde había vivido y donde vivían mis padres. Pero en 1989, ya instalado en Madrid, casi por casualidad entré en la sacristía de la iglesia y me encontré con tres libros: matrimonios, defunciones y nacimientos. Empecé casi de broma pero me enganché a tirar del hilo y después de meses casi de obsesión logré sacar mi árbol genealógico de la línea paterna desde el año 1600. Eso me marcó. Durante estos 25 años he tenido muy presentes a mis antepasados, he pensado en cómo vivirían entonces, en qué casas, qué penurias pasarían, en las muertes, los bautizos, las fiestas… Eso me llevó a recopilar tradiciones, fotos antiguas, a recuperar fiestas como la pastorada que allí llamamos La Cordera, Los Refranes de San Antón, San Isidro. Hasta un verano recuperamos, junto a mi hermano Raúl, los trabajos que se hacían entonces: la siega, la trilla, limpiar el grano, moler, hacer pan… Y eso, junto con mis recuerdos de la niñez,  mis sueños del pueblo y mis poemas, lo he publicado para mis paisanos y mis amigos, sin grandes pretensiones. Ya sabes que dicen que los periodistas somos escritores frustrados. La única sombra es que Villeza parece que languidece. En invierno no llegan ya a 30 habitantes y no hay apenas jóvenes quitando tres chavales. Veo complicado revitalizar este como otros muchos pueblos de León.

8º.- “Lo mejor de nuestras vidas reside en el pasado”, has escrito. ¿Qué tiene tu pasado que no tiene el presente? ¿Qué añoras hoy del ayer?

Está claro que el presente y el futuro tienen sobre todo incertidumbre. No saber qué te va a pasar crea una cierta angustia con la que no es fácil convivir, aunque para muchos esa sea la chispa de la vida. Lo que quiero decir es que el recuerdo del pasado, como puede ser nuestra niñez si es que esta ha transcurrido en un ambiente de más o menos felicidad, nos puede contagiar un poco de esa felicidad, podemos fabricar endorfinas buenas. Y como nuestra memoria es sabia aunque se diga que es selectiva, pues tiende a recordar sólo lo bueno y olvida lo malo. Pues a mí me reconforta volver a aquellos pasajes intensos del pasado que fueron buenos, aquellos recuerdos bonitos. Por eso llevo la cámara de fotos siempre y disparo en cualquier momento que creo que merece la pena volver a recrear algún día. No importa cuando. Algún día sorprendo a mi padre releyendo alguno de estos libros míos y me confiesa que le gusta, que se siente bien. A eso me refiero. Eso no quiere decir que reniegue del presente y que no quiera planificar el futuro. Soy muy consciente de que hay que ganarse el garbanzo para sobrevivir en este mundo, pero creo que dedico más tiempo a planificar momentos de los placenteros como viajes, cenas, encuentros de amigos, jornadas de caza… que sé que merecen mucho la pena.

9º.- “Mi vida está llena de cosas sencillas, de acontecimientos simples, rutinarios”, dices. ¿Qué te emociona y qué te saca de quicio?

Si lo digo supongo que será porque siento que no hago nada extraordinario al resto de mortales que me rodean. Por ejemplo, creo que tengo paciencia para hacer algo rutinario y monótono, porque eso me permite pensar, meditar en mis cosas mientras lo hago y cuando acabe seguro que si ha salido bien tendré una satisfacción segura al comprobar el trabajo bien hecho. Tampoco soy perfeccionista, que con eso se sufre mucho. Me emociona ver salir el sol, nacer un bebé o un caballo, nacer una patata, una flor o cualquier otra planta. Creo que todo lo que nace me emociona, aunque me gusta también ver morir el día, la puesta de sol. Me saca de quicio la injusticia y por desgracia mucho de lo que ocurre últimamente a mi alrededor me parece injusto, empezando por las decisiones de los políticos que hemos votado para que nos hagan la vida más cómoda y veo que nos la están jodiendo más mientras ellos siguen cobrando sueldos de escándalo y viajan en sus coches oficiales a costa del contribuyente. Eso ya por no hablar de los ladrones, corruptos. Eso me cabrea bastante.


10º.- Coleccionas sueños y pastores. ¿De qué hablan sobre todo tus sueños? ¿Qué temen? ¿Qué anhelan?
Los sueños que recogí en mi libro ‘Sucedió en Villeza’ los apunté en Madrid justo en aquella etapa de cierta hipnosis que tuve con Villeza, cuando los libros antiguos. Estaba a 300 kilómetros y soñaba siempre con el pueblo y sus habitantes, vivos y muertos. Luego he seguido soñando, lógicamente, pero con distintos escenarios y personajes. Siempre he creído en la importancia de los sueños y he jugado a interpretarlos. Nuestro inconsciente no crea películas así porque sí, siempre es por algo, bien porque estás pendiente de tomar alguna decisión y el sueño te abre camino y te da pistas sobre lo que debes elegir mejor, o porque te ha ocurrido algo el día antes y te han quedado cosas pendientes. Los sueños son clarificadores y lo bueno es que los creas tú mismo. Aparentemente son escenas absurdas, inconexas, pero yo creo que no, que todo tiene conexión a poco que imagines y que te preguntes porqué se ha formado ese sueño. Animo a la gente a que cuando despierte y recuerde algo de un sueño, aunque sea sólo una parte, tenga papel y boli a mano para apuntarlo, antes de que se desvanezca. Cuando ya esté bien despierto puede analizar ese sueño, siempre hay algo interesante en su guión.

11º.- Cinco años de tu vida te los has pasado fotografiando pastores. ¿Qué buscabas en ellos? ¿Quién te dejó más huella? ¿Su nombre?

Lo de los pastores fueron cinco años de mi vida que me dediqué a hablar y a fotografiar a pastores allá donde iba, la mayoría en la provincia de León. Fue una experiencia sensacional. Casi siempre al lado de la carretera. Dependiendo del tiempo con el que contara eran conversaciones más o menos largas, pero por lo general yo era el que tenía que cortar porque son personas necesitadas de expresar sentimientos. Es mucha la soledad que pasan. Es una profesión en declive que yo siempre he idealizado: todo el día en contacto con la naturaleza y contigo mismo. Me he encontrado muchos filósofos, personas que han reflexionado mucho sobre la vida y el paso del tiempo. Te puedo decir que de cada uno aprendí algo, pero si me tengo que quedar con uno sería con Jesús Rodríguez, de Villaverde de Arcayos, que cuando le conocí tenía 90 años y 90 ovejas. Su foto la puse en la portada de mi libro. Era un hombre sabio y muy humilde. Le visité varias veces después antes de que muriera porque me transmitía una paz y unas enseñanzas tremendas. Poca gente queda como Jesús. Bueno, la verdad es que lo que quedan cada vez menos son pastores.

12º.- “Siempre llevo conmigo una cámara de fotos…”. ¿Qué te gustaría fotografiar que aún no lo hayas hecho? ¿A quién te gustaría robar el alma con tus fotografías, como dices que piensan los indios Apache?

No busco la fotografía perfecta, la de concurso. Yo suelo fotografiar momentos, esos momentos mágicos que sé que son irrepetibles, únicos: un encuentro de amigos, una reunión familiar, un paisaje con niebla, con nieve… mi Villeza de noche o al oscurecer. Esa foto que pasados unos años todos sabemos que nos provocará una sonrisa volver a ver, comprobar el cruel paso del tiempo, el recuerdo de un momento que rozaba la felicidad. Desde luego que me gusta fotografiar a personas, pero a las más cercanas. Entiendo algo de encuadres y de luz, pero no llevo una cámara grande ni buena porque me interesa más una pequeña y manejable que pueda desenfundar en pocos segundos para que no se me escape ese momento del que hablo.

13º.- Durante años fuiste poeta. ¿Qué querías expresar con tus versos? ¿De qué hablaban?

Sí, fue una necesidad la de expresar sentimientos de esa forma oculta, un poco en clave que tiene la poesía. Cuando empecé a practicar el periodismo desapareció esa necesidad y comencé a comunicar mi visión del mundo a través de la información y de mis escritos personales. Son medio centenar de poemas que hablan de amor en la distancia, de desesperanza, de incertidumbre y simplemente de un estado de ánimo que quería dejar plasmado en negro sobre blanco.

14º.- En uno de tus poemas hablas de tu “enemiga la tristeza”, en otro de alimentar “de sangre la tristeza…” y en un tercero de “olvidar la tristeza por un momento”. ¿De qué te habla la tristeza? ¿Cómo es? ¿Qué te desvela?

Hace años buscaba esa tristeza como compañera de viaje, hasta me sentía bien a su lado, aunque con el tiempo creo que era pura melancolía y nostalgia de tiempos mejores. Pero llegó un momento en que la carga de esa tristeza era demasiado pesada para llevar a la espalda y opté por, siempre que pudiera, sustituirla por el optimismo, pues lo de la alegría no es algo que esté al alcance de cualquiera a diario, más en los tiempos que corren. Pero no me duelen prendas en reconocer que soy dado a mirar demasiado al interior y eso quizá acaba pasando factura en forma de pena. La tristeza no es mala bien administrada, sino se convierte en patológica. Últimamente opto por provocar la charla y buscar en los demás las respuestas que durante muchos años yo llevo buscando en solitario.

15º.- Has pasado por varias crisis importantes, especialmente en julio de 2008 haces crack. ¿Cómo te sentiste y cómo saliste de ellas? ¿Qué mensaje te trajeron?

Cuando decidí abandonar el periódico La Crónica en 2002 fue por un problema de estrés y de ritmo de vida que no podía aguantar. Tenía dos niños pequeños y no los veía. Aquel fue mi primer llamamiento del cuerpo que me mandó parar y le hice caso. Creo que fue un gran acierto. Durante dos años practiqué yoga y ese aprendizaje me vino fenomenal. En 2008 creo que se mezclaron también de nuevo un elevado ritmo laboral y la muerte de mi madre, que aunque hacía un año que había fallecido, no había llevado bien el duelo, no había llorado lo suficiente. De nuevo mi cabeza me dio un toque de atención y me mandó parar. Tuve una baja de siete meses hasta que me reincorporé al trabajo y lo que aprendí es lo bien que me vino ese ‘descanso’ si se puede llamar así. Pude por un lado relajar mi cuerpo, mi mente y empezar a asimilar que la muerte de mi madre tenía que empezar a asumirla con naturalidad, aunque no me acabe de convencer eso de natural. En mi familia paterna existe una propensión a la depresión y he llegado a asumir que yo también sufro esa dolencia, por eso no tengo problema en reconocer que llevo más de cuatro años en tratamiento preventivo a base de química, como otras muchas personas que conozco a mi alrededor. Es algo que ni me estigmatiza ni me impide llevar una vida más o menos normal. Lo que he aprendido es a hacer más caso a mi cuerpo y a mi mente, a ver indicios de cambios y a no temer a llevarlos a cabo.